11 diciembre 2007

Blade Runner: Hacia el fin de la seducción (IV; V)

Blade Runner: Hacia el fin de la seducción (I)
Blade Runner: Hacia el fin de la seducción (II; III)

4.- J.F. Sebastian.- "Me fabrico amigos". "I make friends. They're toys. My friends are toys. I make them. It's a hobby"

No, no vivimos en el vacío. Vivimos en la tarea psicológica de fabricar amigos. A través de átomos o a través de bits, fabricamos amigos. Internet prácticamente no existía cuando Gergen (1991) nos mostró claramente la sobresaturación social del "yo" (Self) que ha dado lugar a estos "yoes" socioconstruidos y postmodernos. Gergen sólo hablaba de multirrelaciones atómicas (basadas en atómos, seres físicos). Ahora, a pocos años vista del 2019, ya podemos hablar -también- de relaciones digitales (basadas en bits). La multidireccionalidad de las plurirrelaciones sociales intensas y cortas a que estamos sometidos (algunos -ejem- de buen grado) sustituyen al vacío y a la horfandad ontológica. Nos fabricamos amigos.

"¡Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros

al mismo tiempo con todos vosotros

a todos los lugares donde fuisteis!"

(Cyber-Pessoa. "Oda triunfal", 1913-1935)

Establecemos redes sociales de presentación/acción como hobby. Nuestra vida ya no es seria -ni queremos que lo sea-. Es un divertimento dialógico carnavalesco -a veces grotesco- en búsqueda de una identidad que ya no hay.

Sin desviarme mucho de mi hilo argumental -el evangelio sentimental propuesto por Baudrillard- afirmo que "Blade Runner" trata de la identidad. De una identidad individual psicológica que no hay ahora, en el año 2007; ¿cómo es imaginable pensarla en el 2019?

Si ideamos nuestra identidad en construcciones multidireccionales y pluriinteraccionales -y no hay otra fórmula-, estamos inventando, día a día, relación a relación, una identidad distinta en cada momento. No hay posibilidad de encontrar dentro de nosotros mismos -ni siquiera en esas interacciones- una esencia, una sustancia que nos dote de trascendencia objetiva como pretende Pris. Y la ansiada subjetividad psicológica tampoco pasa de ser un anhelo, un pensamiento-discurso fugaz que pone algo de orden en el caos (Deleuze/Guattari, 1991) existencial. Siguiendo con Deleuze y su íntima relación narrativa con Foucault, no hay metáfora posible porque no hay corazón. Sólo hay una distribución anárquica de puntos muy divertidos, en mi opinión. Podemos hablar de que esos puntos anárquicos se nos representan en un Theatrum Philosophicum -en palabras de Foucault- a modo de permormance social goffmaniana. Los que no estamos en el escenario -igual que no escribimos un texto, sino sus márgenes-, estamos seguramente estigmatizados (Goffman, 1963) porque no completamos nunca una autoimagen redundante y segura, porque somos conscientes -si ser consciente quiere decir algo- de que no tenemos una única identidad. Nuestro autodiscurso, nuestra autorepresentación social no muestra ningún paralelismo con máquinas, con ordenadores, con seres físicos, ni con nada.

Fabricamos amigos -atómicos, digitales- para jugar con ellos. Y para que ellos jueguen con nosotros. Que se diviertan durante el curioso soplo de su elemento tiempo para no repetir las cagadas de sus ancestros.

Sebastian tiene muchos amigos. También un Unicornio.

5.- Leon.- "Duele vivier con miedo. No hay nada peor que sentir picor y no poder rascarse". Roy Batty.- "Es duro vivir con miedo, ¿verdad?...En eso consiste ser esclavo."

"-Sí, señora Corey- decía Sally con voz estremecida a través del hilo-, Chauncey acaba de regresar ahora mismo y casi no puede hablar de lo asustado que estaba. Dice que toda la casa del viejo Whateley se ha reventado, con los maderos dispersos por los alrededores como si hubiese estallado una carga de dinamita en el interior; solamente queda un poco de la planta baja, pero todo está cubierto con una especie de alquitrán, una sustancia que huele espantosamente y corre por el suelo entre los maderos." ( Lovecraft, 1939)

"Bush, Blair y Aznar invaden Irak" (Cualquier medio de prensa, 20/03/2003)

Sólo hace unos días sí que elaboré una humilde tesis. En un entorno sociopolítico y basándome en Ulrich Beck (1986) testifiqué que estamos pasando, si no lo hemos hecho ya, de la sociedad del riesgo que el sociólogo alemán analizaba, a la sociedad del terror. Sentir picor y no poder rascarse es duro, muy duro. Tanto como el profundo terror de la inconsistencia de los proyectos a largo plazo que, a veces, elaboramos. Sennett (1998) aclara algo con su crítico análisis del carácter de la persona en el trabajo del postcapitalismo. Pero Beck va más lejos. El criticismo va más alla de la levedad de los proyectos laborales. También son leves los proyectos familiares, sexuales, de relación,...de vida. Compartimos con Leon su terror y su picor: su vida no dura más de cuatro años; nuestros proyectos -y por lo tanto, nuestras vidas- tampoco van mucho más allá de ese período temporal. Resultado: Terror.

Como dice Deck en un momento dado, "Tiemblo mucho. Es parte del trabajo". Temblar también es parte de nuestro trabajo. Porque en el mundo exterior -"¿qué es el mundo interior, cyborg-Seguí?"- llueve y hace frío. Y porque en el mundo interior, envuelto en un frágil traje de madera con el que es imposible rascarse -"¡ah, bueno!"-, hace frío también: las palpitaciones -don't walk, don't walk, don't...- dan miedo. Las lágrimas se pierden entre la lluvia mezclándose con la invasión del alquitrán putrefacto que corre entre los maderos...del viejo traje.

Josep

Continua en Blade Runner: Hacia el fin de la seducción (VI)

2 comentarios:

  1. ME parece que sinceramente habéis leído demasiado a los franceses...qué nos han enseñado a leer otros autores? o es que los treinta siglos antes a los franceses pensadores desquiciados, ya no cuentan?

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  2. Muchas gracias Enrri por tu sinceridad. Hoy me he levantado poco inspirado y tu comentario me ha recordado algunas cosas que leí de y sobre "otros autores". Y eso me ha dado una idea para el post del domingo :-) que acabo de publicar. Espero que te guste. Al menos que te guste más que lo que podemos leer de los que tú llamas "franceses pensadores desquiciados"...

    ¡Saludos!

    Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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