06 enero 2008

Todos somos griegos

Hace un rato estaba pensando en lo poquisisisisimo que entiendo mi cultura, mi entorno. Y he pensado que mi cultura y mi entorno son muy jóvenes; tienen apenas unos tres mil años (no llega), como la Grecia clásica. Venimos de ahí y de otros sitios. Todos somos griegos. Y, afortunadamente, muchas otras cosas.

Me he acordado del Lacoonte mítico, trágico y troyano. Me he acordado que forma parte de mí y yo de él. Y me he acordado de que hice un trabajo en mis estudios de Humanidades sobre esta obra de arte, de historia, de emoción, de pasión, de vida. Ahí va un poquito del trabajo. (Sí, esto también es psicología social). Esta es una recreación de lo que diría Aristóteles en una conversación con Sócrates. Es un fragmento de un texto un poco más amplio, pero no quiero aburriros,

"A
.- …Pero lo malo y feo son dignos de conocimiento. Y el conocimiento justifica por sí mismo la fábula de lo necesario y de lo posible. El Laocoonte es la imitación del sufrimiento y la injusticia; no es el sufrimiento y la injusticia. El artista, el verdadero artista es el que es capaz de crear en nuestro espíritu los mismos efectos que lo real. Y lo real es lo que creó el Demiurgo, en esto estoy de acuerdo contigo… Sí querido amigo, nuestros hijos y alumnos, también el pequeño Alejandro, deben acceder a la forma imitativa de lo real a través de las artes. De la música y la poética, pero también de las artes visuales que en tu escuela parecéis despreciar. No digo que todo valga. Hay una moralidad implícita en todas las artes porque así quiso el Demiurgo que sea. Hay y debe haber una proporción, una armonía reconocible que nos acerque a Él. La estatua que tenemos delante muestra una proporción y armonías diferentes, que rompen con tus supuestos de continuidad y vuelven a hacernos presente la tragedia homérica. Tragedia en la que el protagonista pasa de la felicidad a la desgracia por un error o por causas ajenas a él. Esta es la sustancia de la tragedia que imita a la vida. Y esta es la moralidad presente en todo acto de enseñanza, uno de los actos más bellos que el Demiurgo puso en el mundo. ¡Enseñemos, amigo Sócrates, pero enseñemos todo lo que nos permite vislumbrar la realidad…! "

¡Saluditos!!!

Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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