29 febrero 2008

El yo defenestrado


Espero que mi amigo y maestro Ken Gergen me perdone por parafrasear su "El yo saturado" si lee estas líneas.

El caso es que mensajes recientes en este blog, algunas reflexiones, lecturas y otras actividades narrativas han vuelto a poner delante de mis humildes narices la cuestión del "yo", de la identidad. Resulta que me siento libre, muy libre para identificarme a mí mismo, para verme desde el exterior, como si "yo" fuera algo diferente a mí, una entidad autónoma, cuantificable y evaluable. Pero ¿es eso mi "yo"? ¿Qué hay ahí dentro que me haga ser como soy?

Este tipo de reflexiones son desde que los humanos son. Pero creo que se han ido intensificando desde que lo tecnológico se ha implementado en nuestras vidas y conciencias. Bueno, siempre ha estado ahí, por supuesto. Pero en los últimos años está más. Y cada vez más. Creo que lo tecnológico se ha naturalizado. Hablar del "yo" ya no tiene demasiado sentido desde que lo tecnológico forma parte intensa de ese supuesto "yo" interior. La saturación social (Gergen) que nos penetra a través básicamente de los medios de comunicación (sí, también internet y los teléfonos móviles; y los ipods, y los mp3 y los mp4...) multiplica exponencialmente nuestras relaciones; ya no estamos condenados a una triste y aburrida vida en el pobre entorno del barrio, el pueblo... lo que antes era nuestra claustrofóbica comunidad...

¿Còmo puedo pensar en un "yo" ajeno a mis relaciones, basadas muchas de ellas en lo tecnológico? ¿Quién soy yo sin lo tecnológico? ¿Dónde termina mi individualidad y empieza mi socialidad? ¿En mi piel? ¿En mi mente? ¿En mi teléfono móvil?

Mi "yo" ha sido defenestrado, asesinado -como diría Baudrillard- gracias a la hipersaturación social que llena todos los momentos de "mi" vida. Adiós viejo "yo". ¡Hola nuevos yoes!!!

Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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