08 abril 2008

Bello, curioso e interesante...

¡Hola!

Ayer elegí un libro que no tuviera mucho que ver con lo académico para amenizar mis viajes en metro (además de oir música y pensar en tesoros y obras de arte). Se trata de "Pasajera del silencio. Diez años de iniciación en China" de la escritora y pintora francesa Fabienne Verdier (Ed. Salamadra. Barcelona, 2007).

Pero no sé si será por deformación profesional personal o por esta manía que tenemos los socioconstruccionistas de cuestionarnos todo. El asunto es que hay un par de párrafos que me han hecho reflexionar. Uno está relacionado con el sistema de enseñanza (concretamente en los años 80 del siglo apasado y en Francia), aunque cita el psicoanálisis y también me ha hecho pensar mucho sobre las diferentes posibilidades de expresión de lo que supuestamente llevamos dentro. No sé, quizá también sirva un poco para cuestionar ciertas prácticas terapéuticas. Ahí va,

"La enseñanza en la Escuela de Bellas Artes me decepcionó. Ya no se estudiaba a los maestros, ni existían modelos en los que apoyarse; los alumnos ya no tenían derecho a entrar en el taller de Leonardo da Vinci; no se aprendía la práctica de las técnicas, ni expresión pictórica alguna. '¡Enciérrense en una habitación y exprésense'!, nos repetían los profesores. El psicoanálisis había causado estragos en el seno de la educación nacional. La idea de expresarse cuando no se han aprendido los diversos tipos de lenguajes para hacerlo me enloquecía." (Pág. 14; cursivas mías).

El otro fragmento se lo dedico especialmente a una persona (también la portada del libro, que reproduzco más abajo) con la que acabo de comentarlo y a quien he prometido que se lo prestaré cuando lo acabe de leer. Creo que este fragmento te gustará mucho. A mí me hace reflexionar sobre nuestra manía (la de los occidentales; yo el primero) de ver las cosas desde un sólo punto de vista. Es este,

"Hablaba dialecto local lo bastante bien para chapurrearlo, pero, lo que ninguna palabra habría logrado, lo consiguieron unos pocos trazos a lápiz. Si quiere entenderse cómo algunos esbozos bastaron para que me otorgaran su confianza, es preciso recordar la importancia que el trazo tiene en China. En Occidente, sólo los escritos son susceptibles de dar testimonio y permanecer, mientras que las palabras se las lleva el viento. En China, un acuerdo verbal resulta difícil de obtener durante las negociaciones porque, tradicionalmente, uno nunca falta a su palabra. Como ocurre entre los campesinos occidentales, un sí equivale a una firma. Pero los chinos saben que un discurso puede ser hipócrita; lo han aprendido a sus expensas. Una pintura, por el contrario, al igual que un dibujo o una caligrafía, es decir, todo lo que depende del trazo, no puede engañar; en ella se revela la virtud moral de quien la realiza, queda plasmada al desnudo sin que resulte posible fingir. En una pintura o una caligrafía, lo que se juzga es la personalidad del artista, en la misma medida que su obra. Quien domina el 'hua' es possedor de ese lenguaje particular que sólo puede ser verdadero. Se trata de una de las singularidades del pensamiento chino." (Pág. 55, cursivas mías).

Trazos, esbozos, confianza, lenguaje particular...mmmmmm... me gusta! ¿No tiene también esto algo que ver con la práctica terapéutica? ¿Y con la epistemología?

Bello, curioso e interesante... ¿qué os parece?

Josep

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"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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