13 abril 2008

Filosofía y palabra en la Grecia clásica


Tales predice un eclipse solar el 28 de Marzo del 585 (Abbagnano, 1978; Lorite, 2003). De forma un tanto simbólica se considera esta fecha como la del nacimiento de la Filosofía tal y como la concebimos ahora. Con su predicción Tales busca la causa de un fenómeno cósmico. Si es posible predecirlo (en base a observaciones previas y a lo aprendido de las sociedades orientales –todavía míticas, pero con un desarrollo tecnológico apreciable- sobre el cosmos), entonces es posible explicarlo sin necesidad de acudir al capricho de los dioses. Y si el mundo –el cósmico, pero también el natural y el humano- no dependen exclusivamente de los dioses es que puede ser explicado en términos humanos, racionales; ya no míticos. “El mundo se repliega sobre el hombre, lo envuelve y absorbe sus esperanzas. Ahí se incrusta otro significado de la existencia” (Lorite, 2003, p. 24), tratando de encontrar principios inteligibles y coherentes detrás de las apariencias de lo cósmico (Finley, 1963). Este interés por lo humano se traduce en un intenso trabajo colectivo de los primeros –y los posteriores- filósofos sobre el mundo social. Pero también sobre el material y el devenir cotidiano. La Filosofía, en la que muchos encontramos los orígenes de la Ciencia en confrontación con las explicaciones míticas de lo tecnológico, busca, a su vez, la solución a los males de la humanidad, solución que parece alejarse cada vez más de las manos de dioses y héroes. Para la Filosofía probar su eficacia en estos menesteres es complejo, dificultoso y peligroso; recuérdese el ajusticiamiento de Sócrates por, entre otras causas, corromper a la juventud (Abbagnano, 1978). Pero sí le permite construir algún que otro digamos que brillante razonamiento como en el supuesto relatado por Robin Waterfield cuando Anaximandro (presocrático; mediado el siglo VI) dice “todo es aire”. Alguien le puede contestar: “¡pruébalo!”. A lo que el filósofo puede responder: “You can’t show me Zeus and the rest of your pantheon. At least I can show you air in some form” (1989, p. 117).

La palabra deja de ser obra de los dioses. Deja de ser el instrumento con que crean el mundo. Tampoco sirve ya para representar a los desaparecidos, como ocurría en Egipto. Ni siquiera es un instrumento para ensalzar las proezas de dioses y héroes, como en Homero. La palabra se vuelve propiedad del hombre; es su responsabilidad, construyendo su psicología (Sennett, 1994). Ya no vale con: “me han dicho que…”; sino “yo digo que…”. El cambio epistemológico es enorme. La palabra se convierte en pensamiento (Vernant, 1982). Y el pensamiento en razón. Razón y pensamiento conforman la psicología de la mentalidad griega; de la nuestra.

Un hecho que llama la atención es que la palabra se recupera de forma escrita y se pone al abasto de todo el mundo. En épocas anteriores, los escritos se usaban sólo en entornos administrativos. Pero además, eran básicamente icónicos y representaban cosas que había que interpretar. Tan sólo unos pocos especialistas eran capaces de hacerlo. Ahora la palabra escrita es la realidad, el motor del pensamiento. Puede explicarlo todo auto referenciándose; sin necesidad de recurrir a referencias ajenas a lo propiamente humano. Buena prueba de ello son no sólo los primeros escritos filosóficos algunos de cuyos fragmentos han llegado a nuestros días (Heráclito, por ejemplo), sino también los primeros relatos que se pueden considerar como auténticamente históricos como los de Herodoto y Tucídides (Pagés, 1983), muy lejanos ya, no sólo en las formas sino en el fondo, de los míticos de Homero.

Palabras filosóficas e históricas puestas por escrito para que todos las lean. He aquí lo que puede definir de forma resumida pero clara el nuevo gran paradigma. Antes de Tales y Herodoto (considérense como símbolos) ni la Filosofía ni la Historia existían. Los griegos empiezan a construirlas.


¡Saludos!!!

Josep

Referencias.-

Abbagnano, Nicolás (1978). Historia de la Filosofía. Vol. I. Barcelona: Montaner y Simón.

Finley, Moses I. (1963/1966). The Ancient Greeks. London: Penguin Books.

Lorite Mena, José (2003). Jenófanes y la crisis de la objetividad griega. Murcia: Univesidad de Murcia.

Pagés, Pelai (1983). Epistemología, teoría y problemas de método en los estudios históricos. Barcelona: Barcanova.

Sennett, Richard (1994/1997). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid: Alianza.

Vernant, Jean-Pierre (1982). Mito y sociedad en la Grecia antigua. Madrid: Siglo XXI.

Waterfield, Robin (1989). Before Eureka. The Presocratics and their Science. Bristol: Bristol Press.

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"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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