17 junio 2008

Deriva urbana (II)


Lumitila es la representación de lo peor de la ciudad en la que me muevo habitualmente. Hay otras cosas que no me gustan y de las que hablaré más tarde. Pero Lumitila es lo peor.

No soporto las grandes ciudades; tampoco esta en la que nací y me crié.

Me gusta recorrerlas como paseante anónimo. Pero no puedo vivir en ellas. El ruido es insoportable. El físico, pero también el social. Este último es el que nos ataca a nosotros, pequeñoburgueses occidentales, creo que me he repetido, cuando nos encontramos ante situaciones como la evocada. No es preciso viajar a Thailandia o a Brasil para practicar el sexo con menores. Es suficiente con acercarse al centro comercial de cualquier gran ciudad y ahí, en la esquina enfrente del granalmacén, está Lumitila, escupiéndonos a la cara la crueldad y la barbarie de un orden social que no tiene ni pies ni cabeza. Eso parece.

No he empezado muy bien esta narración. Intuyo que se aleja bastante del relato bucólico y un poco romántico que es de esperar del viandante curioso, abierto a nuevas -y agradables- experiencias. Este intento de deriva urbana parece no empezar con muy buen pie.

No quiero, en absoluto, ser pesimista, presentar sólo los aspectos oscuros y negativos de las ciudades, de las urbes. Pero sí trato de, siguiendo la línea de tres de mis maestros con cuyas citas he iniciado estas letras, problematizar lo cotidiano, evidenciar la irracionalidad de la lógica de la ciudad moderna, hacer explícito lo implícito, descubrir, por ejemplo, la prostitución infantil tras el ya asumido paisaje urbano de los inmigrantes que malviven y a veces se prostituyen lisa y llanamente de y con los diez euros que nos sobran.

Ahora pretendo que la escritura etnográfica se convierta en un acto político de construcción de sentido social. No me sirve la poética de la narración artística. Como practicante de la antropología soy un constructor de práctica científica dialógica con sentido político. Como psicólogo social, re-constructor de identidades. Identidades esbozadas, evocadas; nunca representadas. A mi alrededor el paisaje, el territorio y el espacio se entremezclan en un intento de generar nuevas formas de ver y hacer. El paisaje adquiere una función estética. El territorio es algo a ser ocupado. Y el espacio es la práctica cotidiana de la interacción social.

Continuará...

Josep

1 comentario:

  1. Pues espero pronto poder ver estas palabras en tinta.

    Apropósito Josep, quería decirle que quedé encantado con el último párrafo =D

    ¿Pero sabe? Me gustaría mucho escuchar la opinión de Montse sobre sus dos entradas de Deriva Urbana. Creo que podría decir cosas muy interesantes al respecto. Ojalá lo haga :)

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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