15 junio 2008

Deriva urbana

"Pero, ¿qué es problematizar? Probablemente es algo muy fácil de definir y extraordinariamente difícil de llevar a la práctica. (…) Lo que nos dice Foucault es, que cuanto mayor sea la obviedad, mayores razones hay para problematizarla." (Ibáñez, 2001, pág. 132).

"A monster may be obviously a composite figure of heterogeneous organisms that are grafted onto each other. This graft, this hybridisation, this composition that puts heterogeneous bodies together may be called a monster. This in fact happens in certain kinds of writting. At that moment, monstrosity may reveal or make one aware of what normality is." (Derrida, 1995, pág. 1).

"...l'opération critique consiste à déchiffrer l'embarras des raisons, des alibis, des apparences, bref tout le naturel social, pour rendre menifeste l'echange réglé sur quoi reposent la marche sémantique et la vie collective." (Barthes, 1975a. Cit. en McNeill, 1.996, pág. 4)

Salgo del parking del granalmacén. Callecentral. Cruzo la calleprincipal. El calor es sofocante fuera de mi coche. Dentro, afortunadamente dispongo de climatizadordeserie. Estoy en el centro neurálgico comercial de la ciudad: Cuatromil euros el metro cuadrado de vivienda. Seismil las plantas bajas comerciales.

El semáforo se pone en rojo. Una niña rumana de unos 11 años –llamemosle Lumitila- se acerca a la ventanilla del coche. La cantinela de siempre. "Señor, dame algo, señor. Dios te bendiga". Saco un euro de mi bolsillo, bajo la ventanilla y se lo doy. Me coje la mano. "Señor, tú darme diez euros y yo darte gustito".

La mano de Lumitila es cálida. No es caliente. No está caliente. Sólo es cálida. Responde a esa especie de calidez opuesta a la frialdad de la soledad, de lo que se vive en el aislamiento de uno mismo, por decir algo que tenga que ver con la identidad del occidental pequeñoburgués no acostumbrado a formular aventuras físicas ni intelectuales fuera del eskai de su/tu/mi piel.

Las pieles cuando viven están calientes. Se calientan especialmente cuando se aproximan a la relación sexual, sea eso lo que sea: follar o acariciar el órgano y el cuerpo ajeno. Ajeno que se hace propio en la narración húmeda y de nuevo caliente, consiguiendo lamer sus/tus/mis células otras. Células orgánicas que se hacen discurso en el intercambio de fluidos radicalmente físicos y por eso radicalmente simbólicos.

Lumitila propone algo más que la posibilidad de su roce cálido. Su sonrisa forzada y forjada por –imagino- repetidos ofrecimientos a cambio de un billete de color naranja no es bella. Es la sonrisa del sometimiento al poder, de la venta de un cuerpo y de un futuro a quien puede y jodidamente quiere pagar ambas cosas. No me excita. Pero tampoco me da pena. Supongo que la pena ya no es una emoción asequible para un ciudadano acostumbrado a convivir parcialmente y tranquilamente con la miseria y la prostitución de los otros, ajeno a la propia.

Continuará...

Josep



2 comentarios:

  1. Me gustaría mucho saber cómo continuará :)

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  2. Gerardo: lo escrito forma parte de un ensayo de etnografía urbana -y postmoderna- que espero que algún día vea la luz en negro sobre blanco. Pero no corre prisa. O sea que antes o después sabrás cómo continua. De momento, acabo de publicar una entrada con una pequeña muestra.

    ¡Saludos!

    Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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