13 agosto 2008

Apuntes inconexos para un manifiesto de ciencia y método socioconstruccionistas

(Las ideas que siguen pueden invitar a la reflexión y debate no sólo a las/os investigadores sociales; también a las/os terapeutas, interventoras/es sociales, psicólogas/os organizacionales...)

¡Hola!


Llevo varios días revisando literatura científica en torno al objeto de mi tesis doctoral: los teléfonos móviles y los adolescentes. Encuentro gran cantidad de artículos basados en datos estadísticos. Algunos que utilizan metodologías cualitativas descriptivas. Y muy pocos que atienden a lo que puede llamarse la Psicología del teléfono móvil; tan sólo uno enfocado -aunque tímidamente y con limitaciones- desde el construccionismo y la Psicología postmoderna. Y veo muy poca interpretación que aporte novedades sobre un fenómeno, según coinciden todos, tan nuevo.

Ninguno de los enfoques hasta ahora encontrados me interesan. Pero tampoco me siento capacitado como para construir por mí mismo un enfoque nuevo. En absoluto.

Intentaré, sin embargo, ir apuntando poco a poco este manifiesto socioconstruccionista basándome en ideas que no he visto utilizadas hasta la fecha -si exceptuamos a Amparo Lasén, cuyos artículos ya me sirvieron para abrir los ojos hace algunos meses-. Y contando por supuesto con los de la Directora de mi tesis, Adriana Gil. Permítaseme (agradeceré críticas y comentarios).

Los individuos no existen. Por lo tanto no pueden ser objeto de estudio de la psicología social. Ni de terapia psicológica.


Los grupos no existen. Idem, eadem, idem.



Ni los objetos, ni los sujetos, ni los investigadores, ni los terapeutas.

Existen actores y sus relaciones y conexiones. Una persona es un actor; su contexto social también. Y lo es su teléfono móvil.

Los actores, relaciones y conexiones están en constante proceso de cambio. Y de acción, relación y conexión. Adelante o atrás, arriba o abajo, derecha o izquierda; ahora no importa. Por lo tanto no parece lógico tratarlos como sistemas, por ejemplo. El investigador -o el terapeuta- se arropan con su bagaje científico y se constituyen en sistemas ajenos y externos a los que son objeto de estudio o terapia. Imponen sus criterios científicos y hacen manifiestos los resortes del poder establecido que intenta normalizar y normativizar los sistemas que rompen la homeostasis (familiar, por ejemplo; los adolescentes en cuanto a la social, también por ejemplo).

No hay nada estable. Una estadística no dice nada. Ni siquiera en estudios longitudinales, ya que lo que hoy es así mañana probablemente será asá y nadie sabrá por qué. Y nadie lo sabrá porque habrá cambiado tan rápidamente que a nadie le habrá dado tiempo a analizar el por qué. Y si no se está en el proceso, a agua pasada todas y todos -también las y los científicos- somos autores de ciencia ficción.

En Psicología social se atiende normalmente a los comportamientos, actitudes, discursos, etc. de grupos ya formados (en Psicología clínica a individuos o pequeños grupos como la pareja o la familia). Se atiende a sus antecedentes, a su historia/historial; pero raramente se atiende a sus conexiones. Cuando hablo de conexiones no lo hago de su entorno social, especialmente el más cercano, sino a un cúmulo de significados que permanecen ocultos en los procesos de investigación o terapia. ¿Cuáles son estos procesos? Los que Bruno Latour, desde su Teoría del Actor-Red, llama controversias.

La cuestión no está tanto en qué sabemos -o podemos averiguar- sobre el objeto de estudio o terapia, como en convertirnos en actores de la controversia. Un poco como estoy intentando hacer ahora mismo al mostrarme enormemente crítico con determinadas orientaciones como las metodologías cuantitativas, las cualitativas descriptivas o la sistémica (como teoría y como terapia).

Un apunte: en el entorno de las metodologías de investigación cualitativas postmodernas están progresando a pasos agigantados las llamadas autoetnografías, en las que la/el investigadora/or narran en primera persona sus procesos de investigación, mostrándose, además, como actores del propio proceso al mismo nivel, muchas veces, que el resto de los actores. En red, en fín.

Una cita (especialmente dedicada a las/os sistémicas/os que se puedan haber sentido algo molestas con mi humilde y leve crítica a su orientación; no en vano es de Watzlawick): "No presumo de transmitir la verdad a los hombres a los que puedo ayudar. Sólo tengo la posibilidad de transmitirles otra construcción que quizá cuadra mejor. Eso es todo lo que puedo hacer" (pág. 76).

Continuará...

¡Saludos!

Referencias.-

- Lasén, A. (2004a) The Social Shapping of Fixed and Mobile Networks: A Historical Comparison. Digital World Research Centre. University of Surrey.
- Lasén A. (2004b) A Comparative Study of Mobile Phone Use en Public Places in London, Madrid and Paris. Independent research carried out by the Vodafone Surrey Scholar. Digital World Research Centre. University of Surrey.

- Latour, B. (2005) Reassembling the Social. An Introduction to Actor-Network-Theory. Oxford: Oxford University Press.
- Watzlawick, P. (1992) El sinsentido del sentido o el sentido del sinsentido. Barcelona: Heider.

1 comentario:

  1. Josep, ¿qué opina sobre las ideas de Jesús Ibáñez respecto a la investigación de segundo orden?

    En lo personal me han parecido interesantes, útiles respecto a lo que menciona, aunque también algo complicadas de aprovechar metodológicamente.

    Eso creo :)

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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