14 septiembre 2009

Producción, emociones, consumo,...

(Foto: producción propia)
¡Hola!

Estaba buscando referencias para un artículo nuevo y he encontrado esto que escribí hace unos pocos años. Como hoy no estoy muy inspirado me limito a copiarme y pegarme.

¡Hasta luego!!!

Josep
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He copiado una de las definiciones de la palabra “emoción”: “Interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo”. He aquí el auténtico placer -fin último del acto de consumir-, la participación, sentirse parte activa de todo lo que está ocurriendo. Por eso el éxito del zapping. Por eso mejora nuestra memoria cuantos más anuncios recibe. Cuanto más, más participación, más acción, más emoción…


¿O no?


Pues parece que “lo que está ocurriendo” no es tan interesante-emocionante. Desde luego, no vivimos en la plenitud y la felicidad. Más bien, en la inseguridad y en lo efímero. Quizás, efectivamente, el consumo es nuestro mejor referente social; pero es un referente muy volátil, como todo.

No hay que perder de vista que en el origen de “lo que está ocurriendo” están las fuerzas macroeconómicas interesadas en el beneficio a cualquier precio. Y hoy son mundiales y globales. La ideología de la mundialización económica y la globalización cultural responde a lógicas de pensamiento único, del prêt a porter de las ideas, siguiendo a Mattelart (1996), lo que no es tan divertido como ese interés expectante y emotivo antes detectado. La estrategia político-económica del beneficio a cualquier precio que desarrollan gobiernos a todos los niveles -municipal, autonómico, nacional, estatal, europeísta, norteamericano, global- es muy sencilla y está basada en dos claves, según Amin (1997), la destrucción de los estados periféricos (antes del tercer mundo) y la vida en la crisis económica constante.

Y la vida en la crisis económica constante se materializa en la volatilidad vital. No es posible hacer proyectos de futuro, ni laborales, ni económicos, ni emocionales; y de ello hablo también cuando interactúo con la cohorte de la adolescencia. Vivimos en el alquiler vital. Efectivamente, en todo el desbarajuste de fronteras económicas, producción, consumo, capitales volátiles, espacios y tiempos efímeros, se ha extinguido la referencialidad, la solidez. Jeremy Rifkin (2000) lo explica muy bien. Intentaré resumirlo. La mayor parte de empresas (sobre todo las transnacionales) se están "liberando" de sus activos inmovilizados y circulantes (stocks) y también de sus gastos de personal. ¿Qué hacen? Pues subcontratar. Vivimos en el mundo de la subcontratación. El empleo es efímero (Sennett, 1998) y la propiedad industrial también. La tecnología va a tanta velocidad que la maquinaria, las instalaciones y los inmuebles se obsoletizan rápidamente. Las personas también. Ya no interesa acumular bienes y personas. Lo interesante es la rotación. Los medios de producción, cuanto más y más rápidamente cubren su ciclo -desde las personas hasta las materias primas- más beneficio. ¿Cómo? Ni idea, pero es así. Cuanto más capital en el mercado, mejor. Aunque nunca sepamos dónde está. Estamos transitando de una sociedad del consumo a una del préstamo. Todo se arrienda -préstamos, tarjetas de crédito, leasing, renting-; no se compra nada.

¿Y nosotros, los consumidores? Pues ahora ya no somos compradores, somos usuarios. Simplemente, usamos y tiramos. Sí, desde el pañuelo de limpiarnos los mocos hasta el coche. No digamos del televisor, el vídeo, la cámara de fotos...¡el ordenador! Pronto cambiará incluso el mercado inmobiliario: casas de usar y tirar. Usar y tirar, usar y tirar. La sociedad kleenex. Vivimos una vida de alquiler. Los productores ya no venden; suministran, siguiendo a Rifkin (2000). El antiguo vendedor tenía stocks, tenía existencias que mimaba hasta su salida al mercado. Ahora no, ahora llena el mercado en seguida, en seguida, aunque el mercado no necesite nada.

En este entorno mi trabajo es, sin ninguna duda, apasionante. Nuevas tecnologías, infoexclusión, adolescencia. Producción, emociones, consumo,... ¿Cómo acercarse a estos constructos en un entorno tan volátil, que no parece tener nada que ver con esa vida tan plena y bucólica que nos presentan cuando hacemos zapping? Ahí está el desafío.


Referencias.-


Amin, Samir (1997/1999) El capitalismo en la era de la globalización. Barcelona: Paidós.

Mattelart, Armand (1996/1998) La mundialización de la comunicación. Barcelona: Paidós.

Rifkin, Jeremy (2000) La era del acceso. La revolución de la nueva economía. Barcelona: Paidós.

Sennett, Richard (1998/2001) La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama.

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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