13 septiembre 2009

Troski

Mañana hará tres años que Troski se fue. Estoy muy triste en esta tarde lluviosa y gris de domingo.

Maldigo cada catorce de septiembre de cada año que pasa desde que se fue.

Vino un día hecho una puta mierda. Tendría unos dos años. Lleno de garrapatas y heridas. Se ve que había tenido alguna pelea e incluso llevaba un ojo casi fuera de su sitio. Lo curé y lo cuidé durante unos días. Pero decidí que no podía quedarse en casa. Cuando ya estaba un poco mejor le acompañé a la puerta y le dije que se fuera y que se buscara la vida. Se sentó en medio de la calle. Me miró con esos ojos tan especiales que tenía y no pude resistirme a su mirada. Entró padentro y compartimos los siguientes doce años de nuestras vidas.

Le llamé Troski porque era rojo, muy rojo (como yo, tampoco es que sea troskista, eh?). Pero era rojo de piel y también de carácter. Aunque su bondad y valentía estaban por encima de cualquier consideración de orden político. Era simpático, alegre, buena persona, guapo como él solo. Independiente. Libre. Cariñoso.

Le encantaba -como a mí- salir a pasear por el monte. Cuando veía que cogía la bici se volvía loco de alegría. Se ponía a dar saltos y a ladrar loco de alegría. Hacíamos carreras. Yo en la bici; él a su marcha. Siempre me ganaba. Perseguía a los pájaros, a las ardillas. Olía cada planta y cada flor. Yo cogía espárragos cuando era época. Cuando descansábamos bebía de la misma botella de agua que yo. Ahora, cuando salgo con la bici y voy por los mismos sitios que íbamos lo echo mucho a faltar. Estoy solo. Lloro.

Dormíamos la siesta juntos. Sobre todo los domingos. Nos peleábamos por coger el mejor sitio del sofá de mi estudio mientras escuchábamos a los Beatles y a Mike Oldfield (le encantaba el Tubullar Bells). En las siestas casi siempre ganaba yo, jejejejej. Pero él siempre acababa hecho un ovillo (como en la foto) a mis pies. En invierno me daba calor con lo peludo que era. Ahora duermo las siestas solo.

También me aguantaba mis rollos. Yo le explicaba todas mis teorías sobre el Construccionismo social y cosas así. A veces no estaba de acuerdo con lo que le explicaba, pero nuestras discusiones siempre acababan bien.

Éramos amigos. Más que amigos.

En abril de ese maldito año se puso enfermo. Vino un ambulancia. Estuvo unos días ingresado y se recuperó. A finales de verano de ese maldito año volvió a ponerse enfermo. Yo tenía fe en que volvería a recuperarse. Pero ya no salió. Era mayor, es verdad. Seguramente ya no le tocaba estar aquí y se fue.

Estuvo ingresado. Yo iba a verle todos los días a la misma hora. Y el jodido 14 de septiembre de 2006 parece que esperó a que fuera a verle. Se murió en mis brazos. Me miró. Me sonrió. Y dio su último suspiro. Ese fue el último día de mi vida que cogí el coche. Ahí está, tirado y sin batería y con el kleenex que inundé de lágrimas. No sé por qué no lo he vuelto a coger. No lo sé...

A los pocos días me dieron sus cenizas. Las tengo nosedonde. No he querido mirarlas ni nada. No quiero saber nada. Sólo sé que cuando veo sus fotos lloro y me pongo muy triste. Sé que me acuerdo de él todos los días. Sé que lo quiero. Y no sé cómo se puede querer a alguien que ya no está. O sí. Como antes quise -sin ninguna duda sigo queriéndolos- a Nerón, a Dicu, a Violeta, a Diez, a Canela... y a todos mis gatos que algunos también se han ido. Hace poco ha desaparecido la Coco. Y me duele. Pero me tengo que aguantar porque la vida sigue y sigue... Y están Rómulo, la Troya, el Pirata, el Milú, la Gala...

Por cierto, cuando Troski se fue estábamos en pleno apogeo del foro socioconstruccionista de la UOC. Mis compañeras y compañeros me ayudaron muchísimo a superar el duelo. ¡Y luego dicen que las relaciones a través de la red no contienen emociones!!!

Troski, mi vida. No tengo ni puta idea de dónde estás. Ni de si estás en algún sitio. Pero sí que sé que me hiciste muy feliz, que contigo crecí y aprendí. Sé que nunca supe lo que era la soledad mientras estuvimos juntos. Sé que nunca nos fallamos, que nunca nos equivocamos. Es posible que cuando yo me vaya nos volvamos a encontrar. A pesar de mi ateísmo y escepticismo ojalá sea así. Ojalá esté equivocado y después de esta vida haya otra en la que pueda volver a abrazarte y sentir tus lametones en mi cara. Ojalá podamos volver a ese monte que tanto nos gustaba a perseguir pájaros y ardillas. Ojalá pueda volver a ducharte con la manguera (te enfadabas mogollón, jajajajaja; no te gustaba nada. Pero mira chaval, la vida es así. A veces hay que hacer cosas que no nos gustan. Además, siempre usaba gel suavecito, eh?).

¡Ahora que lo pienso! Sí que sé dónde estás!!! Aquí. Exactamente dentro de mí, sea eso lo que sea. Formas parte de mí. Hoy estoy muy triste. Mañana aún estaré más. Pero sí. Estás aquí dentro. Gracias.

(No sé si este comentario tiene mucho que ver con el construccionismo, pero me ha apetecido hacerlo. Besos)

Josep
(Troski, Milú, algunos libros, un teléfono y el Josep)

2 comentarios:

  1. Los envidio Josep, creo que no hubieran podido encontrar mejores compañeros.

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  2. Hola Josep, que expresiones tan bellas para Troski, aunque he vivido la partida de mascotas que he querido mucho y sé que duele demasiado, nadie es quien para juzgar los sentimiento y el universo simbólico que se construye en esos momentos. Por otra parte son importantes las relaciones que construimos con nuestras mascotas pues llegan a ser tan fuertes que duran para toda la vida.
    ¡Un abrazo y animo!!!

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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