07 febrero 2010

Emociones, tecnologías y Construccionismo social

(Foto: producción propia)


Como estoy un poco cansado y no estoy demasiado productivo, me permito reproducir la parte final del artículo "Emociones Tecnológicas. Dinámicas de Consumo Afectivo de las Tecnologías de la Relación", publicado en la revista Teknokultura que dirige nada más y nada menos que Heidi J. Figueroa Sarriera. El artículo lo firman -nada más y nada menos también- Montse Torné, Adriana Gil, nuestra genial colega Sara Olivé y -humildemente- yo mismo; aunque hice poquito más que dar ideas y marcheta y pasármelo muy bien y solidificar una enorme amistad con Montse, Adriana y Sara.

El artículo trata de emociones, consumo y también de Construccionismo social, asunto que ha vuelto a primera línea de este blog gracias a la inestimable colaboración de Blanca, Maro, Tina y Gerardo.

Porfi, si os apetece, criticad el artículo. Criticadnos muuuuuuucho, que pa eso estamos!!! ;-))))
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Los resultados muestran una visión social construida de las emociones como producciones lingüísticas que se articulan y emergen en un contexto interaccional. Con la introducción de metáforas emocionales subjetivas e intersubjetivas, se ofrece un contrapunto a las metáforas dominantes que hablan de ellas como hechos que existen dentro del individuo incluso antes de su producción lingüística. Este discurso no ignora ni lo cotidiano, ni las nuevas concepciones sobre el espacio (público e interactivo) que conjugan lo local y lo global, pero no se hace eco de las nuevas categorías emergentes en las TR, en continuum entre lo presencial y lo virtual. Este estudio quiere hacerse eco de estas nuevas categorías emocionales sin status reconocido dentro de las clasificaciones clásicas sobre las emociones.

Consideramos que los jóvenes realizan acciones a través del lenguaje como práctica social y vemos como las emociones cambian de sentido según el significado otorgado dentro del contexto de interacción. Así, en la categoría ‘juegos’, se reinterpretan los símbolos compartidos y se confieren otros significados, creando sus propias normas y valores. Un entrevistado dice que ya lo sabe y lo tiene todo y que lo que hace es “encontrar errores en los sistemas para que se traben o algo así” o que “lo máximo no es jugar por jugar, sino jugar con otros”, donde este ‘máximo’ nos sugiere el carácter socialmente construido y negociado de la emoción. Esta capacidad para transformar críticamente la realidad, posibilita que surjan emociones que aún notienen nombre, a partir de las construcciones narraciones del yo con la totalidad de las categorías.

Con las ‘cadenas’ sabemos si eres sexy o te divierte pasar y compartir informaciones, causas y proyectos. La articulación y negociación de posiciones en estos espacios de relación, abre un mundo de posibilidades identitarias que se rige por normas y reglas propias y nos permite saber no sólo qué sentimos sino qué somos a través de nuestras posesiones: nuestra ropa, nuestra música, nuestras amistades, nuestra pareja, nuestro coche, nuestra clase, etcétera (Gil y Feliu, 2004, p. 8). Las ‘bromas’ y ‘juegos’, más allá del bromear con y jugar con los amigos, entretejen la relación a partir de distintas posiciones que van articulándose en estos espacios de relación, donde las emociones cristalizan tomando forma.

Los agentes sociales de la comunicación no son, pues, “operadores vacíos” que codifican y decodifican, sino sujetos comunicativos competentes que narran lo que hacen en la interacción através de metáforas emocionales. Las emociones no están dentro de las personas sino que surgen en la relación, al bromear con su amigo o su ligue surge la alegría, pero bromear con el enemigo puede cristalizar en odio. Lejos de crear una sola realidad social, los jóvenes son capaces de crear múltiples realidades significativas desde el presente, donde las emociones no son esenciales sino que se entretejen y cristalizan en la interacción desde los distintos espacios (fuera de las personas) con los objetos, en un proceso creativo y (re)creativo en espiral donde se amplían los espacios narrativos del yo en un proceso de posicionamiento, fuera de las fronteras convencionales que encuentran en entornos escolares o familiares. En la interacción con el entorno que crean los espacios de relación tecnológicos, emergen nuevas maneras de construir la identidad a través de las distintas articulaciones metafóricoemocionales.

Estas metáforas no existen en y por sí mismas, sino a través de las producciones discursivas. En este punto, no podemos ignorar el papel que desempeñan los medios de comunicación en la difusión de estereotipos asociados al uso de la tecnología, en un claro intento de dominar al individuo a partir de la creación de la emoción que mejor actúa como mecanismo de control social: el miedo. Esta actitud criminalizadora se ha convertido en una práctica continuada para demonizar aquellos usos que se escapan al control. Se crea el miedo en el adulto y así se estigmatiza el uso de las nuevas tecnologías en los adolescentes (Feliu, J., 2006. p. 103). No es momento de olvidar que estos discursos dominantes, preñados de contenido ideológico, ven al joven como una víctima pasiva de estas tecnologías y lo sitúan bajo la amenaza de volverse adicto sin apenas darse cuenta, haciéndolos presumiblemente vulnerable a su efecto.

El cuerpo pasaría a ser el contenedor de sus emociones y se legitimaría el despliegue de diversos dispositivos y tecnologías para controlarlas, desde el rumor que impera acerca de los jóvenes y las TIC, en el que resuenan cosas como “adicción, soledad, aislamiento, violencia, pornografía, pirateo, pérdida de tiempo, pasividad…” (Gil y Feliu, 2006. p. 24).

El hilo conductor de nuestra perspectiva de análisis sobre el uso y consumo de las TR por parte de los adolescentes, presenta diferencias respecto a este discurso. Lejos de considerar que dentro de las tecnologías aparece el “jugar por jugar”, “buscar por buscar” y “conectarse por conectarse” para huir de la angustia del acoso de las tecnologías asociada a una pretendida dificultad para el contacto emocional, afirmamos el papel facilitador de la interacción social en el desarrollo de los jóvenes y adolescentes a través de las relaciones afectivas y de transmisión de conocimientos que se establecen en la tecnologías de relación.

Entendemos que las relaciones on-line y of-line se afianzan mutuamente en un feedback constante donde los jóvenes se articulan en tiempos y espacios virtuales y reales a través de las emociones metaforizadas, en este continuum “sin costuras”. Poner voz a esta silenciada y desvirtuada realidad de las TR, a través del reconocimiento de las metáforas emocionales que emergen, ha sido el principal objetivo de nuestra investigación.

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¡Saludos!!!

Josep

3 comentarios:

  1. no cabe duda que la importancia de lo que ahora parece la revolución tecnológica ha aumentado considerablemente pues estas han llegado a configurar y reconfigurar las formas de interacción de las nuevas generaciones.
    si he de ser sincera, a mi me asombra de sobremanera cómo es que ha cambiado el mundo en tan pocos años y la forma en la que las personas parecen estar adaptandose a él con una actitud tan natural ante cada avance tecnológico como de quién dice: ah! esto es justo lo que estaba esperando!!
    en fin!! muy bueno el artículo y el blog en general!! encuentro taaanta reflexión que me encanta pasarme por acá para ver qué tanto han subido!! saludos!! =)

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  2. Muchísimas gracias, mi, por tus comentarios sobre el artículo y el blog!!! Y porque pases por aquí y nos aportes tus opiniones y reflexiones.

    Una cosita: Yo creo que no es axactamente que las personas nos estemos adaptando de forma natural al avance tecnológicos. Creo que somos -especialmente los más jóvenes- los auténticos protagonistas de dicho avance. Creo que cada vez es más difícil desligar personas y tecnologías. Si siempre hemos sido lo mismo (sé que esta afirmación es discutible), cada vez lo somos más, como diría Bruno Latour.

    ;-)

    ¡Saludos!!!

    Josep

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  3. Guau, muy bueno. Coincido, somos protagonistas de las transformaciones y de los sentidos y apropiaciones que hacemos de ellas. ¿Qué hace, por ejemplo, que no nos "adaptemos" al Wave o al Buzz? ¿Qué hace que Facebook crezca tanto? ¿Qué implicaciones tienen los otros en estos ires y venires? Muy complejo resulta el ecosistema, ¿no?

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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