24 julio 2010

Friedrick Nietzsche


"Conservo todavía, como el efesio (Heráclito) un aristocrático desprecio por la moral, la comodidad y la quietud, y como él, glorifico la lucha, pero contrariamente al antiguo filósofo, he permitido que la lucha entre en mi alma, de modo que mi espíritu se ha transformado en un campo de batalla entre las dos visiones del mundo: la judeocristiana y la grecorromana, la moral y la amoral. (…) Al luchar contra los filisteos me transformé yo mismo en filisteo, y abandoné el deseo de la razón por el deseo ciego del poder, el deseo que se destruye a sí mismo en la impotencia (…)


Ahora en las garras de esta parálisis rastrera que convierte cada párrafo que escribo en un calvario del espíritu, una angustia apocalíptica, comprendo más que nunca que mi cruzada contra Sócrates era realmente una guerra contra mí mismo, es decir, la parte de mi ser racional que poseo en común con Heráclito, mi voluntad para razonar, mi pasión por la verdad absoluta (…)


(…) Por el contrario, los dioses han sido amables conmigo, y mediante la lección de la parálisis y enfermedad del cerebro me han enseñado a valorar mucho más la salud física y moral, aplastando mi frenesí dionisíaco para apreciar mejor la calma apolínea y la razón de Sócrates".

Friedrick Nietzsche, "Mi hermana y yo". EDAF. Madrid, 1.981. pp.94-95.


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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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