15 enero 2011

Brevísimas reflexiones filosóficas...

(Melencolia I. Alberto Durero. Grabado. 1514)

Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos.”John Berger[1]
 
(...)
 
Me interesa evocar cuál es la relación entre Melencolia I de Durero y el espectador[2] que ve el grabado por primera vez. Insisto en que evoco. Y por tanto hay en mis próximas palabras algo de invención. Invención evocativa de lo que quizá puede ser. Y escribo/evoco con la esperanza de conseguir una narración coherente, justificada y documentada de lo que pudo ser hace unos cuantos cientos –ya no miles- de años en relación con la ciencia y la filosofía. Y también con la cultura y la vida cotidiana.

Intento usar una metodología quizás un poco diferente, en la que la ciencia –al menos una ciencia humana como la filosofía- no trata de poner al descubierto lo oculto sino de evocar distribuciones horizontales. Hago mías las palabras del semiólogo francés Jacques Rancière: “Siempre intento pensar en términos de distribuciones horizontales, combinaciones entre sistemas de posibilidades, no en términos de superficie y substrato” (2003, pág. 49).

Antes de dejar volar al espíritu mediante la evocación controlo su tendencia a la imaginación, a veces exagerada, que puede llevar al sueño o al éxtasis, materializado en “’visiones’ o revelaciones de carácter cosmológico, beatífico o profético” (Granada Martínez, 1984, pág. 51).

Sin ánimo, pues, de poner al descubierto lo oculto, pero tampoco de dejarme llevar por la imaginación, trato ahora de resumir qué ha pasado durante los aproximadamente diez siglos anteriores a que el espectador se encante y se ponga melancólico –estoy evocando- ante la obra de Durero.

(...)

Este es un poco el “espíritu de la época” que vive Ficino. Ocultismo, religión y racionalismo en interacción. Contradicciones, dudas; fe, ciencia,… El Renacimiento.

Y un buen ejemplo del “espíritu de la época” del inicio del Renacimiento lo encontramos, precisamente en el Melencolia I de Durero, grabado de 1514.

El ángel algo serio, quizá triste, parece querer dirigir su mirada hacia arriba, hacia donde se supone que está Dios. Aparece rodeado de diversos útiles de geometría, arquitectura, matemáticas,…; útiles propios de la ciencia positivista y la tecnología, pero también de las ciencias ocultas, entre otras, la kábala, posiblemente representada por el cuadrado mágico. Le acompañan un perro famélico y un putto[3]. Aquel es quizá el símbolo de la decadencia de la naturaleza; este de la unión entre lo carnal y lo espiritual. Elementos, símbolos de lo humano y lo divino entremezclados sin orden aparente: el Renacimiento. La melancolía. 

(...)


[1] Berger, John (1974) Modos de Ver. Barcelona: Gustavo Gili. Pág. 14.
[2] En este escrito se utiliza el género neutro sin que ello implique ningún tipo de diferencia sexista.[3]Angelillo muy utilizado en la iconografía del Renacimiento que representa en muchas ocasiones a Cupido, el inmortal dios del Amor, del encuentro entre lo carnal, lo humano y lo espiritual, lo divino. Fuente: putto. (2010). In Encyclopædia Britannica. Retrieved November 29, 2010, from Encyclopædia Britannica Online: http://www.britannica.com/EBchecked/topic/484410/putto.

Podéis acceder al documento completo (si os apetece) pinchando aquí.

¡Gracias!!!

Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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