09 enero 2011

Sobre la Ley antitabaco en el Estado español


No sé si esto tiene mucho que ver con la psicología social o el construccionismo, pero me apetece hablar sobre la cuestión y, como todas y todos somos libres de hacer casi todo lo que queramos en este blog, hablo.

Soy fumador (la foto lo atestigua, ¿no?). Estoy a favor de la Ley antitabaco recientemente recrudecida en estos lares llamados españoles.

Pero hay dos cosas que me ocupan (no me preocupan, eh?): a) lo de las denuncias; b) la prohibición del consumo. Me explico:

a) Eso de denunciar no lo tengo nada claro. Quien me conoce y vive cerca de mí sabe bien que respeto al máximo el no fumar por mucho esfuerzo que me cueste. Por ejemplo (y no me estoy pegando ningún moco), si voy solo en el coche fumo todo lo que me da la gana. Si voy con una persona que no fuma, yo no fumo y punto. Otro ejemplo. Si voy en el tren desde València a Barcelona no soy de los que se bajan a fumar a los andenes en las paradas de Castellón o Tarragona. Cuatro horas sin fumar y punto. Más. Cuando aún se podía fumar en los bares y restaurantes, antes de encendreme un cigarro siempre preguntaba si a alguien le molestaba. La respuesta era casi siempre que no. 

A pesar de mi "educación" a este respecto, ahora fumaré menos y, cuando me dé la gana, lo dejaré.

b) ¿Y si lo prohibimos? O si lo prohiben, mejor dicho. Sería lo más coherente, ¿no? El problema es que la prohibicón del consumo de determinadas sustancias nunca ha sido la solución. Además, habría que prohibir también el alcohol, los coches o levantarse a las seis de la mañana para ir a trabajar. Cosas que generan muchos más males sociosaludables que el tabaco. Y también sabemos que la prohibición genera movimientos mafiosos y similares.

Es más, yo estoy a favor de la legalización de las drogas. No de la incitación a su consumo ni mucho menos. Pero sí de la legalización. Del control de la calidad del producto por el estado y de la atención a los dependientes graves y no que estén pudriéndose por las esquinas, como todas y todos sabemos que pasa. Además de que los beneficios de las mafias no irían a parar a los bolsillos privados que todas/os imaginamos sino que, vía impuestos -como con el tabaco o el alcohol-, revertirián a las arcas del estado, que buena falta le hacen.

Y, hablando de eso y volviendo al principio, si hay que denunciar a los fumadores que fumemos en sitios prohibidos (no es mi caso)... ¡adelante! Pero denunciemos también al que defrauda a hacienda, al banquero que nos ofrece un producto financiero opaco, al que maltrata a su pareja, (psíquica o fiísicamente), al que plagia por el puto morro, al que nos adelanta por la autopista a 160 por hora...

¿O no?

No lo tengo nada claro, la verdad.

En fin...

Josep

2 comentarios:

  1. Pués yo no estoy de acuerdo!! Me declaro fumadora activa, y de momento sin ganas de dejar de serlo, pero diria que ese no es el quid de la cuestión... Me parece una ley hipócrita, ya que no regula la desaparición de la comercialización de un producto nocivo para la salud, que por otro lado es fuente de ingresos para el estado e incluso paga la mayor sanidad que según ellos gastamos los funadores, sino la gestión de los espacios donde consumirlo.

    Me intento explicar... si yo y unos cuantos como yo deseamos fumar en un bar para fumadores porque no podemos hacerlo? Si en cambio si se trata de una asociación privada sin ánimo de lucro. Como se entiende esto?

    Asimismo debemos alejarnos 200m de una institución sanitaria, parque infatil, colegios, y creo no dejarme nada, aunque estemos en la calle rodeados de humos contaminantes procedentes de los coches o fábricas, o.... Si el objetivo es preservar la salud de los residentes en estos sitios, porque no prohiben o restringen la circulacion en esos puntos?

    Total, que por Reyes he pedido un GPS para poder cumplir la ley! y declaro mi deseo de no morir sana!

    Y por último el tema que apuntas Josep de la presunción del estado de que nos vamos a acusar unos a otros.. pués vaya! Entiendo que les personas no fumadoras tienen derecho a no ser fumadas, es decir acepto que prevalezca su deseo de que yo no fume en su presencia, pero de ahi a decir en los medios de comunicación que esperan que el cumplimiento de la ley pase por la vigilancia de unos a otros me parece muy fuerte! Me recuerda a Cuba, cuando estuve en el 92, donde los méritos sociales para conseguir un trabajo mejor o una vivienda pasaban por esta práctica acusatoria en este caso de ser contrarios al régimen.

    Y callo por no dar ideas, que a lo mejor lo copian, y en los tiempos que corremos diria que funcionaria!

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  2. ¡Muy bueno tu comentario, Mone! Y estoy muy de acuerdo con lo que dices, aunque no llego a declararme "fumador activo" en un sentido político; sí en un sentido práctico, jejejejeje.

    Por cierto, el otro día dije que también habría que denunciar casos de violencia machista. Me autocorrijo: SI QUE HAY QUE DENUNCIARLOS (no "habría que...", me expresé mal). SIEMPRE; SIN EXCEPCIONES. Recordad: 016...

    Saluditos!

    Josep

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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