12 junio 2011

Sujeto Narrador y Sujeto Narrado

Sastrería

 

Una pequeña y modesta reflexión…

Diría que en una narrativa se presentan distintos tipos de sujetos: un tipo lo llamamos narrador(a), a otro lo llamamos interlocutores, o quizá espectadores, y finalmente a otro más lo llamamos l@s personajes. Tod@s somos sujetos en relación a las narrativas. Me parece que podemos simplificar esto en dos conceptos: sujeto narrador y sujeto narrado. No pretendo con esto hacer una invitación de autoayuda (tampoco tengo un problema directo con ese tipo de discursos); no estoy diciendo: “¡Amig@, deje de ser un narrado y comience a ser TODO UN NARRADOR!”. Se trata del hecho que nuestra identidad vive en el constante intercambio entre ambos papeles; creamos las narrativas tanto como las narrativas nos crean a nosotr@s. Es tan simple como que estamos realizando una acción cuando compartimos una pequeña anécdota , y en ese sentido, estamos siendo, existiendo, demostrándonos, o simplemente performando. Y a la vez, la narrativa misma habla de nosotr@s, de quiénes somos, de lo que hacemos y cómo participamos en el desarrollo de nuestras tramas llamadas “la vida”.

Eso por un lado. Por el otro, tod@s nuestros rituales sociales nos ayudan a darle sentido a los distintos fenómenos que se nos presentan; en parte para hacerlos cotidianos, así nuestra vida, y la misma vida de una sociedad, podrá continuar. Aunque no pretendo redactar una cita, estas últimas palabras me recuerdan a “Actos de Significado” de Bruner y “La Construcción Social de la Realidad” de Berger y Luckman. Bruner presentaba un ejemplo de esto en una oficina de correos, pero ya no la recuerdo muy bien, y Berger y Luckman nos explicaban por ejemplo como una sociedad entera no se derrumba cuando sus miembros tienen que lidiar con la muerte.

Las narrativas forman parte de nuestros rituales. Alguna vez me pregunté cómo podría comprender a la muerte desde un enfoque como el socioconstruccionismo. Así fue como se me ocurrieron los conceptos de sujeto narrador y sujeto narrado. Tal vez si alguien me preguntara si hay vida después de la muerte diría que sí; de todo eso se trata el primer párrafo de este escrito. Para mí la muerte entonces sería un paso, o un viaje, del sujeto narrador al sujeto narrado. Siguen interactuando con nosotr@s dentro de nuestras narrativas; no creo que se deja de ser por morir. Entre otras ridiculeces de nuestro lenguaje, siempre me he preguntado por qué estamos “obligados” a emplear sólo verbos en tiempo pasado al referirnos a una persona difunta. Tal vez la parte injusta es que ya no protestan frente a cómo una narrativa particular l@s moldea. Si es de mala educación hablar a espaldas de una persona (más allá de lo que se dice), entonces nos es inevitable ser unos groseros completos cuando hablamos de nuestr@s difunt@s. A veces me pregunto si algo similar sucede con sujetos importantes como Dios, que nos la pasamos hablando sobre él (o ella) sin lograr escuchar su opinión directa sobre todo eso que decimos. ¿Qué habrá que hacer en esas situaciones?

En todo caso, eso es lo que por ahora pienso de nosotr@s: los sujetos narradores y narrados ; )

 

Gracias por leerme.

3 comentarios:

  1. Es curioso Gerardo, estos dias estoy revisando documentación sobre terapia del duelo, desde diferentes perspectivas que incluyen la narrativa y la cognitivoconductual, y todas ellas pareceria que incluyen la necesidad de dejar a los muertos en el pasado. Y yo que intuyo que a los muertos como a los vivos los llevamos puestos? En este sentido siempre me ha rechinado ese uso exigido del pasado al referirnos a los primeros, sobre todo en lo referente al verbo ser: era es la consigna, nunca más es... No digo que sea fácil vivir sin alguien querido, no verle, no olerle, no poderle llamar, no ... pero sigue siendo parte de nuestra identidad y esa amnesia obligada no pareceria que desgaja esa unidad?

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  2. que no quiero decir que exista... pero nos gusta creerlo

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  3. Muchas gracias Mone por las palabras. Me sorprende lo poco poéticas y bien claras que fueron en esta ocasión. ¿Y cuál fue el motivo para consultar sobre la terapia del duelo? Por mi parte, no puedo creer que la terapia narrativa nos invita a dejar a nuestr@s muert@s en el pasado. ¿Exactamente qué es lo que dice al respecto?

    Hace muy poco falleció una persona muy cercana. En momentos como éste me da mucho gusto sentirme más bien relativista; así no me queda tan difícil cuestionar la condición biológica de ser, y preguntarme más bien su lazo con su significatividad en las relaciones sociales. En ese sentido, estoy muy de acuerdo con el primer comentario de Mone (no tanto con el segundo). Así como en mi caso, much@s cuentan con seres que no dejan de ser significativos por el hecho de haber fallecido. Desde una postura realista se podría llegar a pensar que esto nos hace mal; por eso cómo me alegra no interesarme por una postura realista en este momento.

    Aquí y ahora, mi tristeza radica en que ya no puede participar como narrador de quien él es. Aquello de que "no hay muerto malo" es para mí algo muy triste. A mí me sabe un poquito como una mutilación a la identidad, tanto como que tal otr@ era sólo mal@. Hablamos por él, y eso no está mal, también sucede en la construcción de l@s viv@s; sólo hace falta su voz para enriquecer esa identidad. ¿Sabes a qué me refiero?

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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