30 julio 2011

Cerrando (un momento de) mi ejercicio docente

Ha pasado un poco más de dos meses desde que les compartí otro pedazo de lo que he trabajado con mis estudiantes. Ahora quiero terminar de presentarles lo que construimos junt@s durante este periodo académico. En mis anteriores escritos del tema había mencionado que cerraríamos con Michel Foucault y así fue. A través de este autor discutimos la relación entre conocimiento y sociedad, y el papel de los profesionales en esta relación.

Continuando con el mismo método, para entrar a este tema específico cada un@ de mis estudiantes, y yo, construyó una reflexión personal a partir de una frase incitadora; continuamos con un estudio, de varias sesiones, de las propuestas claves de nuestro autor (Foucault), y cerramos con una reflexión más de tipo teórico inspirada a partir de nuestra reflexión personal inicial.

CASO C

Cuando las tradiciones, o las etiquetas, nos oprimen.

En el salón de clases hay dos etiquetas: profesor y estudiante. Éstas están enmarcadas en aquella tradición llamada “educación formal”. Se espera ciertas cosas del profesor y ciertas otras del estudiante en esta tradición. Podemos ejemplificar esto con etiquetas como “alumno” (ser sin luz), “maestro” (amo de un saber) o “profesor” (que profesa, comunica la verdad).

En la tradición educativa el profesor es la autoridad del estudiante. La sociedad le ha otorgado el derecho de mandar sobre el estudiante y le ha conferido el deber de transmitirle su saber. Toda esta tradición y etiquetas implican ciertos límites para estudiante y profesor: yo enseño, vos aprendes. A vos, como estudiante, te obliga a obedecer al profesor, y a mí, como profesor, me obliga a responder por lo que el estudiante aprende y lo que no, y a limitarme frente al tipo de cosas que puedo pedir de él.

Se supone que el estudiante se rebela contra esa autoridad a través de la desatención o la trampa, engañando al profesor y menospreciando al aprendizaje. Sin embargo, como otras formas de rebeldía, esta mantiene la tradición y la autoridad en vez de amenazarlas. En lugar de preguntar por otra forma de hacer clase, el profesor sigue mandando y el estudiante sigue respondiendo a ese mandato con obediencia, desinterés o fraude.

Puede aparecer alguien, estudiante o profesor, que desea algo más de la clase: la co-responsabilidad por parte de tod@s (estudiantes y profesor) en vez del dominio y la responsabilidad de un@ sobre l@s demás. En la mayoría de los casos, el otro de la relación (estudiante o profesor), dominado por la tradición, reduce el intento (por ejemplo a través de la burla o la queja) para que la clase “siga como siempre ha sido y ha de ser”.

En mi experiencia, acá participan otros elementos que también mantienen la tradición: el deber institucional de calificar al estudiante, el compromiso con un programa de asignatura prediseñado y la estandarización de unos criterios para evaluar la labor del profesor. Ante este panorama, ¿qué posibilidades tenemos, vos y yo, de crear una forma alternativa de hacer clase?

 

Esta fue mi reflexión con el apoyo de Foucault.

INTERPRETACIÓN DESDE FOUCAULT

¿Qué posibilidades tenemos, vos y yo, de crear una forma alternativa de hacer clase?  Al pensar al respecto, siento que no es fácil lograrlo. Creo que hemos estado tan metidos en esta sociedad institucional de Foucault (Fillingham y Susser, 1999, p. 14), que clasifica y controla, que nos cuesta salir de ella; así sea en un pequeño espacio y por un breve tiempo. Por ejemplo, las calificaciones son un mecanismo disciplinar (p. 54, 56 – 57); por una nota alta vos respondes como el profesor quiere que respondas y eventualmente asimilas dicha respuesta como la verdad. Hemos vivido la calificación del profesor por tanto tanto tiempo que adquirió un mayor valor que el mismo aprendizaje. Por lo que he notado, me atrevo a decir que el principal motivo para que hagas o no hagas algo en la clase es por su respectiva calificación.

A su vez, los títulos universitarios son mecanismos de clasificación (Pinilla Cortés y Gacharná Ramírez, 2008, p. 2), implican un reconocimiento de tu saber (y poder) en esta sociedad (Fillingham y Susser, 1999, p. 11, 58). ¿Pero será que están describiendo una verdad o imponiendo tu identidad de expert@ a tod@s? Por eso también pienso que la sobrevaloración de los títulos los ha vuelto más importantes que, nuevamente, el aprendizaje. Ante un interés mayor de las calificaciones y los títulos por encima del aprendizaje, invitar a algo distinto como clase no es fácil.

Las acciones propias de una autoridad que se resiste (Pinilla Cortés y Gacharná Ramírez, 2008, p. 8) a esa sociedad institucional implican un reconocimiento del otr@, y su potencial, como sujeto, pero sobre todo implican ese reconocimiento de parte de cada uno sobre sí mismo; sólo así pueden finalmente rechazar hasta ese mismo supuesto de autoridad sobre l@s otr@s. Dialogar, cuestionar, invitar y participar, son todas acciones en relación, no las puedo desarrollar como profesor si no respondes a ellas. Tu participación en el diálogo, tu repuesta a mis cuestionamientos, mis invitaciones, a mi participación, suponen que para vos vale la pena participar en ello. Suponen que para vos vale la pena el proyecto de reconocer otros saberes/poderes, tuyos y de otr@s; que vale la pena construirte en una nueva “autoridad” que se resiste a esta sociedad de saberes/poderes limitados.

Ahí es donde llego a mi preocupación, en muchos casos siento que para vos todo ello sencillamente no vale todo el esfuerzo que implica. En nuestra relación tengo la sensación que te preocupa más las calificaciones que vas obteniendo, camino a un título universitario, que tu participación y responsabilidad con los otros sujetos que conforman nuestra sociedad. Por supuesto, esto también significa que no siempre he sabido convencerte de su valor, y ese es uno de mis mayores intereses en este momento.

A la vez, para mí ha significado que mi mejor opción en este momento, procurando empoderarte como estudiante e invitándote a la alternativa foucaultiana como profesional (p. 10), es aplicar para este interés los mismos dispositivos disciplinares que critico. ¡Qué dulce ironía la que me acompaña! Rechazando las calificaciones, por ser formas de examinar y diagnosticarte , no conseguía tu participación e interés. Por el momento, mi propuesta ha sido reinterpretar el sentido de la evaluación y calificación; eso he procurado explicarlo en mis dos anteriores interpretaciones. Más allá de examinar, diagnosticar, formular y hasta remitirte (p, 4, 5), como profesor te empujo a preguntarte ciertas cosas, y reflexionar otras, a través de la evaluación y la calificación.

No digo que sea la mejor solución y estoy convencido que aún me falta mucho  por aprender  como docente. Simplemente digo que, en este momento, por acá va este proceso que compartimos.


Referencias

Fillingham, L. A. & Susser, M. (1999) Foucault para principiantes. Buenos Aires : Era Naciente.

Pinilla Cortés, A.N. y Gacharná Ramírez, G. (2008) El investigador social ante el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control. Recuperado el 27 de Julio de 2012 de http://www.dialogosproductivos.net/upload/publications/16042009104620.pdf


Lecturas complementarias

Foucault, M. (1988, Julio - Septiembre). El sujeto y el poder. Revista Mejicana de Sociología, 50, (3), 3 - 20.

Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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