28 febrero 2012

Sobre la conciencia (continuación de “El inconsciente…")

(Foto: "La Conciencia". Producción propia. 2010)

Hola!

Vamos allá!!!

J.M.: Estamos de acuerdo, entonces en que la conciencia sería, en sí, algo simbólico y evocativo.

Cuando tocas la guitarra haces muchas cosas de forma no consciente, de acuerdo. ¿Puede ser que eso sea debido a un proceso de aprendizaje? ¿Puede que por pura economía aprendamos muchos procesos que incorporamos a nuestra conducta (hablo de “conducta” conscientemente…)? A eso los cognitivistas creo que lo llaman “priming”, algo relacionado con los procesos de aprendizaje por repetición. Interesante. Algunos neurobiólogos (¿me permitís que hoy no cite las fuentes? Gracias) mantienen que en dichos procesos de aprendizaje de, por ejemplo, símbolos lingüísticos tienen mayor fuerza nmemónica (¿se dice así?) los que tienen contenido semántico. Curioso…

Por otro lado, si hablas contigo mismo, efectivamente estás hablando con otra persona. Eso tiene que ver, sí, con los múltiples selves y, sobre todo con la objetivación que hacemos de “nosotras/as mismas/os” durante el proceso de desarrollo. Es decir, cuando nos vemos como objetos; no tanto como sujetos. Esto lo explican muy bien Mead (en cuanto a la objetivación) y Vigotski (en cuanto al desarrollo del llamado lenguaje interno).

Sí, Javier, entiendo que una de las labores más apasionantes del psicólogo social crítico y del Construccionismo en particular es eso: ver qué hay detrás de lo obvio, de lo que siempre damos por verdadero… sólo porque siempre ha sido así. O sea, aceptamos como cierto que hay un “inconsciente” porque siempre lo ha habido. Cuando las verdades y certezas se van desmoronando, aparece la pasión… Y desaparece el racionalismo/dualismo cartesiano…

He de decirte, no obstante, que no acabo de entender tu explicación del proceso de subjetivación e internalización. Me surge una duda: ¿dónde se internalizan las subjetividades? ¿En qué lugar de nuestro cuerpo, alma, espíritu,… se almacenan los resultados de ese proceso de maduración?

Alex: no estoy de acuerdo con que llevemos nada de serie que nos haga ser sociales, ni mucho menos que pudiéramos “hablar hasta con las piedras”. Aunque sea por comparación con otros animales, tengo que admitir que disponemos de determinadas capacidades que ellos no tienen. Pero si no se desarrollan socialmente, no parece que puedan llegar a manifestarse. ¿Recordáis la magnífica película de François Truffaut “El pequeño salvaje”? Estaba basada en un hecho real. Si os apetece: http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/temaspequenosalvaje.htm.

J.M. y Alex: que las cosas sean construcciones sociales y simbólicas no quiere decir que no existan. Al revés, existen mucho porque estamos de acuerdo en que existen. Me explico: yo digo que no creo que exista el inconsciente; pero todas y todos sabemos de qué estamos hablando. En plan epistemológico y un poco filosófico, todas y todos tenemos un concepto de lo consciente, inconsciente y cosas así. Y ese concepto lo hemos construido entre todas y todos a lo largo de una tradición cultural de más de dos mil quinientos años. En otras culturas no habría lugar para este debate. Simplemente, no han construido un concepto de “consciencia”.

El concepto de consciencia que el que firma estas palabras ha asimilado es social. Todo se hace real cuando lo compartimos, cuando lo hablamos, cuando lo decimos, estemos de acuerdo o no en los contenidos de lo que decimos. Es un poco el imaginario colectivo (no el psicoanalítico, eh?) de que habla Fernández Christlieb; ese “espíritu de la calle” a que se refiere el mexicano…

Y, Alex, no has dicho ninguna estupidez. Al contrario, tu aportación es superinteresante. ¡Gracias!!!

Javier Montané: si a algo me ha llevado mi trayectoria es a no estar convencido de nada…

Y la primera parte de tu razonamiento me parece excelente. ¡Por supuesto que podemos hablar de mente, alma e inconsciente como categoría discursiva! Es lo que hacemos siempre y siempre nos mantiene alerta para, como dice Javier, no caer en  obviedades. Pero eso nos facilita comunicarnos y entendernos, en mi opinión. No hay ninguna palabra, ningún concepto prohibido. ¡Faltaría más!!!

Lo que sigo sin entender son los procesos de internalización y externalización. Repito mi anterior pregunta: ¿dónde se internaliza lo interno? Lo externo (siguiendo con el discurso dicotómico; perdona, Sara) lo percibo claramente: palabras, símbolos, significados, catedrales, aviones, teléfonos móviles, besos y abrazos, guerras. O sea: arte, tecnología, emociones, pasiones,… en interacción. Aunque quizás esto también sea una obviedad…

Paola (Grupo Insurgentes): me gusta tu cuestionamiento de la “existencia”. Y entiendo claramente tu distinción entre aquello, digamos, material y lo otro simbólico. La cuestión, y sigo siempre dando mi opinión, es que ¡son lo mismo!!! Ya que has utilizado el concepto de “dispositivo”, Foucault puso al descubierto que todo son dispositivos (de poder en la mayor parte de los casos, si no en todos). Entiendo esta afirmación de Foucault como un potente reactivo ante las dicotomías. Un dispositivo es, por ejemplo, una computadora. Pero también lo es una flor. Todo se institucionaliza en complejísisimas interacciones radiales de significados e interpretaciones; de evocaciones en definitiva, como dice J.M.

¡Vaya bribones!!! (Te parafraseo, Paola, con permiso…)

Josep

6 comentarios:

  1. Hola de nuevo.

    Supongo que hemos llegado al punto de tener que definir las palabras. Yo soy informático y cuando hablo con alguien que no conoce la terminología técnica sonrío –siempre sin faltar al respeto- por lo poco exactas o adecuadas de sus palabras. Entiendo los motivos, claro, yo hace 20 años que me dedico a eso y puedo acotar los límites de esas… esos símbolos con más precisión.

    Supongo que cuando los entendidos, los psicólogos, sociólogos, etc, habláis de “entidad social” o “entidad sociable” tenéis en mente una estructura diferente de la que tengo yo, pues no la he “trabajado” con la experiencia de vuestro campo de conocimiento.

    Cuando yo hablaba de mecanismo socializador, me refería a que la evolución “nos ha generado” un sistema interno de información que, en mayor o menor medida, es capaz de abstraer la realidad y generar símbolos de modo que si una vez tuvimos un palo para sacar hormigas de un hormiguero –primates-, no buscaremos exactamente ese palo cuando volvamos a tener hambre, cualquier objeto que cumpla los parámetros de ‘palo’ nos servirá. Dejamos el palo donde estaba, una vez usado, pero nos llevamos el concepto/símbolo a donde vamos.

    Hay pocas civilizaciones que en un momento u otro no hayan personificado los elementos de la naturaleza –de los que no reciben respuesta inmediata- y hayan hablado con ellos. Me pregunto hasta que punto alguien aislado del resto de los humanos no trataría a ciertos animales “amistosos” como iguales a él –aun y no sabiendo qué es él- estableciendo cierta pauta de comunicación. A eso me refería yo cuando hablaba de “mecanismo socializador”.

    Sobre la existencia de lo no-consciente (de procesos constructores de relaciones entre símbolos fuera del alcance de lo consciente): yo no necesito probar que todas las llamas están calientes. Probada la temperatura de una, algún mecanismo no consciente infiere que determinados objetos bajo determinadas circunstancias, queman. No recuerdo, de verdad que no lo recuerdo, quizás sea el único en haberlo olvidado, pero no recuerdo el momento en que me paré a pensar que si un fuego quema, todos los fuegos queman. Aunque solo fuera ese el único mecanismo que se escapa de lo consciente, ya existe el no-consciente. Quizás el tema de debate sea lo correcto o incorrecto de lo que actualmente se entiende por consciente, subconsciente o incosciente, es decir, el debate estaria centrado en qué "contienen" actualmente las entidades "inconsciente", "subconsciente", etc.

    Para acabar, Josep, tu idea de consciencia-comunicada (o realidad-al-comunicar -ser-en-la-comunicación-) me parece interesante, pero no es falseable, es decir, ¿que pasa cuando no existe la comunicación? ¿Acaso entonces no somos capaces de trabajar simbólicamente? Ergo… si necesitamos comunicar para crear realidades, la realidad de “dientes de sable” –¡corred! ¡que viene un dientes de sable!- no seria posible a menos que existiera una capacidad innata de socialización, porque de lo contrario ahora mismo seria otra especie la que estaría debatiendo este tema tan interesante.

    Saludos y muchas gracias por permitirme aprender con estos diálogos.

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  2. ¡Excelentes razonamientos, Alex!!!

    Sobre el tema del fuego... poco que objetar. Bueno va, un poquito, sí. Efectivamente, en nuestra vida cotidiana con quemarnos una vez es suficiente para aprender que "el fuego quema". Pero eso no quiere decir que "todos los fuegos queman". Un empirista extremo como David Hume ya lo explicaba con el ejemplo de los cuervos. Que todos los cuervos que vemos son negros no quiere decir que todos los cuervos del mundo lo sean. Esto nos lleva a un problema científico de amplio calado y que puso claramente al descubierto a mediados del siglo pasado Thomas S. Kuhn: el de la inconmensurabilidad del mundo "natural".

    Creo que nuestro cuerpo es una máquina sofisticadísima capaz de pensar deductivamente, algo que no pueden hacer otras máquinas ni organismos biológicos, por ahora. Con eso, tampoco necesitamos la experiencia directa para saber que el fuego quema. Basta con que nos lo cuente alguien con la autoridad suficiente, nos lo creemos y ya no nos quemamos.

    Finalmente, y siguiendo uno de los principios quasi sagrados (y que yo me creo) de Paul Watzlawick, la no-comunicación es imposible. No nos comunicamos sólo con palabras. Si tú y yo estamos juntos en un entorno en que es posible que nos aceche un "dientes de sable" y de pronto veo que echas a correr, tranquilo que yo lo haré también sin necesidad de que me avises verbalmente...

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  3. Una cosita...

    Al hilo de todo esto que estamos comentado entiendo que conceptos como consciencia, conciencia, inconsciente, subconsciente, y así son lo que la persona percibe y dice sobre ellos. Estando, como estamos, construidas/os por nuestras tradiciones culturales al respecto (y a otros respectos), eso no quiere decir que si alguien percibe un interior en sí misma/o (al margen de que no sepa dónde está; como antes he preguntado un tanto provocativamente) no exista. Existe de acuerdo con las percepciones y discursos de esa persona que, dentro de una cierta uniformidad y límites culturales, tiene todo el derecho del mundo a percibir y decir lo que quiera, por supuesto!!!

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  4. Joserp si echas a correr al verme correr a mi debe haberse establecido anteriormente una comunicacion no necesariamente directa ni consciente entre tu y yo, pues tu tienes información sobre porqué yo echo a correr i la tienes porqué me consideras semejante -de un modo consciente o no- fijate que a mi no me pasaria por la cabeza echarme a rodar por la pendiente de una ladera por el mero hecho de ver rodar una piedra... aunque la piedra, suponiendola animada, haya echado a rodar al creer que hay algun peligro.

    El ser social, el inferir información de los semejantes aunque no sea de manera consicente, está programado evolutivamente. Por supuesto que, una vez establecida esa comunicación guiada por la tendencia innata a establecerla, se crean conceptos nuevos que se simbolizan de un modo determinado, pero creo que es excesivo, segun mi humilde opinión, dar un valor específico preponderante a la construcción social. Al menos darlo en supuestos muy básicos. Te doy toda (y más) razón en que la mayoria de conceptos con los que vivimos actualmente son fruto de la interacción y construcción social, pero tienen una raiz biológica -genética- a mi parecer poco discutible.

    En referencia a los cuervos, es cierto, solo con que encuentre un cuervo de otro color habre refutado la proposición de que todos son negros. Pero estamos trabajando en la zona del gris: del mismo modo en que puedo emitir juicios sobre el color de los cuervos, puedo emitir valoraciones sobre los juicios emitidos y llegar a conclusiones del tipo que es muy probable que todos sean negros y que si oigo graznar uno, no me sorprenderé al verlo, pues será negro y tenderé a considerar que los de otro color son poco habituales.

    Supongo que depende de hacia donde mires. Si miras hacia el pasado pesa más lo genético -lo evolutivo- si miras al presente y al futuro, lo social y lo que se construye gracias a ello tiene mayor significancia... pero la tiene a costa de olvidar qué somos realmente.

    Vaya, como me enrollo.

    Un saludo,
    alex

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  5. Hola Alex! (y todas y todos)

    Sí que tengo información. Recuerda que estamos en un entorno en el que es posible que nos ataque “un dientes de sable”…

    No comparto el discurso sobre la raíz biológica. O sí lo puedo compartir, pero solo un poquitín en el sentido de esas capacidades que parece que tenemos diferentes a las de otros habitantes de este planeta. Puede que esas capacidades estén determinadas genéticamente. O puede que no. Lo que sí parece es que no se desarrollan si no es en interacción con otros, socialmente y aprendiéndolas (al menos a desarrollarlas). O sea, co-construyéndolas.

    Me encanta tu última frase. Confieso que no tengo ni idea de “qué somos realmente”. Lo que sí creo es que la evolución “natural” tiene muy poco que ver con nosotras/os desde hace miles de años, desde que nos inventamos la primera de las tecnologías, el lenguaje. Y más con el lenguaje (o sea el pensamiento) deductivo, mediante el que cada persona, cada generación no necesita experimentar lo que ha experimentado la anterior para aprender lo que la anterior ya aprendió. ¡Esto es fascinante!!! Y, desde luego, muy diferente a cómo funcionan otras especies…

    ¡Saludos!

    Josep

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  6. Javier Centol5/8/12 01:37

    En la capacidad de memoria se internaliza, que se demuestra en hábitos de pensamiento, sentimiento y acción. Hábitos que anticipan o que recuerdan... Lo inconsciente existe, porque sino donde estamos cuando dormimos?....

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"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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