03 agosto 2015

¿Y SI EL TRAUMA FUERA HISTORIA? Una reflexión para sumar



Es probable que esta reflexión ya la haya hecho alguien antes. Quizás no deje de ser más que una reiteración de lo dicho (y lo todavía no dicho). Sin embargo, llevo días preguntándome qué pasaría si entendiéramos el trauma como historia; historia en minúscula, historia viva, efímera.

Cuando te planteas la vida desde una óptima postmoderna, todo lo que te rodea entra, casi siempre, en un proceso reflexivo, es decir, en una constante intención de cuestionar, en especial, todo aquello que se da por sentado para así encontrar otro tipo de relatos que se sumen a lo que ya conocemos (y creemos conocer).

A pesar de lo abiertamente clara que es la crítica hacia los enfoques psicodinámicos desde la psicología más "cientificista", la idea de trauma sigue perdurando. Si bien probablemente no tenga el mismo significado, sí es posible que mantenga el mismo sentido: "ha pasado algo en tu vida que tienes que superar para seguir avanzando". Pero, me pregunto: ¿avanzar hacia dónde?

Es aquí cuando me llega el recuerdo de algo que aprendí de mis mentoras mexicanas cuando cursé la Certificación Internacional en Prácticas Colaborativas y Dialógicas (http://www.umansenred.com/#!cipc/c8h3): la concepción no lineal que le asignan los Mayas al tiempo en nuestra dimensión física. Me resulta curioso saber que el futuro para ellos es algo que se coloca a sus espaldas, tras su nuca, ya que no se ven capaces de saber lo que pasará; y el pasado, por contraposición, aparece delante de sus ojos, pues es algo que pueden visualizar porque ya saben que ha sucedido (Chaveste y Molina, 2013). ¿Qué pasaría, entonces, si el trauma fuera algo que pudiéramos ver?

En una concepción occidentalizada, parece ser que el pasado lo llevamos a nuestras espaldas, cargamos con él. El trauma se convierte, tal vez, en algo apelmazado, situado e inmóvil; en resumidas cuentas, es cosificado (guiño a Javier Centol). Si lo giráramos y lo pusiéramos delante de nosotros, si lo pudiéramos ver, quizás nos daríamos cuenta de que no para de modificarse, de transformarse; de que, simplemente, es historia. Y la historia es narrada, pero también renarrable, deconstruible, construible, vivaz, efímera... Incluso, al querer dar otro pasito, podemos decir además, que la historia puede ser CO-construible, CO-narrada, CO-relacionada…

Precisamente, es ahí uno de los lugares donde las Prácticas Colaborativas y Dialógicas suelen moverse: el de transitar por los significados de las historias de vida de las personas para ponerlos frente a nosotros y, juntos, indagar sobre ellos para encontrar posibilidades que nos permitan co-construir nuevas narraciones con aspectos que antes no podíamos ver por llevar el pasado atado a nuestras espaldas.

Llegados, pues, a este punto, solo me queda hacerme y hacerle al lector, la misma pregunta con la que empezaba a escribir: ¿qué pasaría si el trauma adquiriera también el significado de historia? ¿Qué repercusiones tendría? ¿Qué posibilidades nos abriría?

¡Hasta pronto!

Fuentes:

Chaveste, R. y Molina, M.L. (2013). Hablando de Cangrejos y Estrellas de mar: Conocimientos Ancestrales y Prácticas Colaborativas. International Journal of Collaborative Practice 4(1), 22-26.

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"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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