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Tampoco tratamos, por supuesto, de "adoctrinar" a nadie...

20 noviembre 2016

Ciencia y psicología. Sobre interpretación y demostración. Un ensayo colectivo




Seguí Dolz, Josep (coord..);  Schoham Perelis, Clara; Szir, María Alejandra; Pérez Sánchez, Lucia; González, Mónica; Aguirre Vásquez, María Soledad;  Barberis, María Belén; Benítez González, Juan Rodrigo; Seefeldt, Kathrin; Nogueira García, Celia; Catalán Barker, Pamela

Este ensayo tiene su origen y contenido en algunas reflexiones compartidas con parte de las/os estudiantes[i] de la Cuarta Edición del Certificado/Constancia en Prácticas Colaborativas y Dialógicas que está siendo facilitado por UmansenRed en estos momentos. Se han generado al hilo de una propuesta de actividad del módulo dos acerca del Construccionismo Social con el título “Sobre las teorías científicas”. Para una mejor situación en el contexto, permítaseme copiar la propuesta:



En la página treinta de los materiales del curso reproducimos la siguiente frase de Gregory Bateson,



"A medida que se admitan conjuntos de datos más importantes, la probabilidad de una interpretación aumentará, pero no desembocará jamás en una demostración. La situación es esencialmente la misma que aquella a la que se llega en la ciencia, en la que ninguna teoría se ha demostrado jamás."



Haz un crítica fundamentada del texto. ¿Qué diferencias ves entre “interpretación” y “demostración”? Reflexiona sobre las posibles implicaciones que podría tener la afirmación de Bateson. Ilustra tus argumentaciones con ejemplos prácticos que conozcas (por ejemplo, una demostración empírica de alguna teoría). Si utilizas fuentes externas de consulta, por favor, cítalas.



¿Estás de acuerdo en que jamás se ha demostrado una teoría científica?



Si sí, explica un ejemplo de una teoría científica potente, por ejemplo, la de la gravedad, que no se haya podido demostrar.



Si no (estás de acuerdo), pon un ejemplo de una teoría científica que sí que se haya demostrado empíricamente.





Yo como experimentadora me sentía inclinada a mirar más temas personales o sea a emigrantes al igual que lo era yo. Cero objetividad y lo sabia. (Schoham, 2016[ii]).



¿Hasta qué punto, como investigadores, nos influyen los “temas personales”? Si nos influyen, ¿no deberían hacerlo? Más: ¿hasta qué punto, dando por supuesto que esos nos influyan, “lo sabemos”; es decir, asumimos esas influencias; esos sesgos y -más aún- los hacemos públicos, como Clara Schoham hace en el párrafo reproducido?



Ante el problema de una psicología[iii] pretendidamente objetiva, hipotético-deductiva, positivista, basada en evidencias y tal, creo que hay una solución; seguramente no única: la honestidad. Pero no basta con ser honestos; hay que decirlo. Hay que hacer públicas reflexiones como las de Schoham. Reflexiones humildes y que nos alejan, sí, de los mundos de objetividades inalcanzables por una psicología que se quiere científica; pero de otro modo.



La ciencia no es el campo exclusivo de la verdad, la objetividad y el positivismo. O sí; pero hay otras formas de hacer ciencia[iv]. Reivindico la cientificidad de la psicología desde otros ámbitos: el social, el humano, el emotivo; también el pasional. Delimitar dónde estaría la distancia entre ciencia y arte (poesía, por ejemplo) sería tarea ardua y ya no sé si poco productiva. Apuntar dónde la diferencia entre ciencia y no-ciencia sí que es productivo. Y en eso estamos desde el Construccionismo Social partiendo, básicamente, de las metodologías de investigación. No todo vale. Partiendo desde las propuestas cualitativas y las basadas en el campo a la Investigación Relacional[v]; a la que dedicaremos tiempo, palabras y diálogos en su momento. Investigación Relacional que reflexiona sobre otro de los problemas de la ciencia (no solo la psicológica): la interpretación. Efectivamente, ¿interpretar no es mentir un poco, en un cierto sentido, siquiera sea una mentira piadosa? ¿No es “hacer trampas” (Nogueira, 2016)? Pero, si no interpretamos, entonces ¿para qué nos sirven los datos, las conversaciones, las grabaciones, las observaciones, los vídeos, los sujetos y objetos, incluso el propio campo de investigación? ¿Para qué servimos nosotras y nosotros; científicos -en el buen sentido- e investigadores de las vidas ajenas?



Alejandra Szir ve estos asuntos así:



Cuando interpretamos lo hacemos desde un lugar, con determinados conocimientos, puntos de vista (que no es más que la vista desde un punto como dice el Dr. Adalberto Barreto[vi]), de acuerdo a lo que escuchamos y la valoración del sentido y significado que le atribuimos. 



Szir se muestra de acuerdo con Schoham, al menos en lo que a la interpretación se refiere: “En la interpretación, entiendo que hay una valoración personal, totalmente subjetiva”.



¿Desde qué otros puntos de vista podemos interpretar sin caer en la irracionalidad, la pura especulación o el nihilismo? Como a menudo, prefiero dejar en al aire algunas preguntas; aunque en las mismas ya están contenidas mis intenciones. Efectivamente, reivindico un carácter contextual de la ciencia psicológica. Un carácter atribucional en que los significados y las interpretaciones son co-elaborados en procesos conversacionales, sin importar la generalización y predictibilidad propias de las ciencias positivistas. Pero, ¿cuáles son esas valoraciones personales a que hace referencia Szir? ¿Podemos ponerlas en interacción con “criterios de utilidad social” como sugiere Kathrin Seefeldt un poco más adelante?



“En todo momento estamos interpretando, incluso en estadística” (Lucía Pérez Sánchez). ¿De qué servirían, si no, los datos incluso “en estadística”? ¿O en metodologías cualitativas donde estamos constantemente interpretando lo que dicen los demás? ¿No es esto una traición a los demás (sic)? ¿Qué derecho tenemos a hablar en nombre de los demás (sic, sic, etc…; Geertz, 1988[vii])? ¿No sería mejor publicar solo eso que dicen los demás; directamente copiado de nuestras grabaciones? Entonces, ¿qué seriamos si no interpretamos? ¿Simples reproductores de lo que dicen los demás? ¿Recopiladores de datos? ¿Fotógrafos, notarios fríos e impasibles de la “realidad” y que cada cual interprete lo que quiera?


David Ballina aporta una mirada diferente que quizá nos aleje de esa sensación de frialdad objetiva con que nos hemos quedado en el párrafo anterior: “Interpretar, entiendo que es, como han comentado algunos compañeros, dar sentido mediante el lenguaje, a los datos recogidos”. Creo que veo esta idea. Y me gusta. Interpretar sería entonces uno de los usos del lenguaje, asunto en el que estamos ahora mismo inmersos. No renuncio a mi crítica despiadada a la interpretación en los términos anteriores. Pero admito con gusto este matiz sobre el que continuaré reflexionando calmadamente…


Mónica González destaca un problema en todo este asunto: el de “… entramparse desde el racionalismo mismo, en la validación de hipótesis o teorías científicas, para construir Verdades generales que se imponen como relatos o discursos incuestionables”. Estoy totalmente de acuerdo. Pero el problema no es un problema; es una pérdida de tiempo. Y como tal, no creo que haya que invertir ni un solo minuto en esas validaciones que imponer a los demás. O, incluso, a nosotras/os mismas/os. 


Pero desde luego que deseo mantener una humilde reivindicación de un cierto racionalismo cientificista -social, humano, emocional y pasional- que limite los peligros de “… engendrar (…) caballos alados y dragones de fuego” (Deleuze y Guattari, 1993, p. 237[viii]). 


¡Cuidado! Creo que los caballos alados y los dragones de fuego son buenos compañeros de aventuras en según qué contextos y procesos. Pero si aspiramos a, al menos, algo de sentido de nuestras hipótesis, teorías, ideas y -por supuesto- prácticas, hay que llevarse bien con ellos. Y para eso hace falta domesticarlos siquiera sea un poquito, aunque también dejarnos seducir y caer en las múltiples tentaciones que nos ofrecen.



Pero no olvidemos que la psicología trabaja con personas; muchas veces con sus propios dragones de fuego y otros terrores. No me parece buena opción darles de comer…



En un tono más suave -aunque siempre crítico-, Soledad Aguirre reconoce que la ciencia es una “… secuencia de conocimientos que me permiten aclarar ideas acerca de cómo se va generando el conocimiento y la importancia de entender cómo la ciencia y las teorías científicas no pueden ser tomadas como referentes universales”. Y aquí está muy bien referenciada mi reivindicación humilde. Probablemente no necesitamos referentes universales. Ni nosotros, ni la ciencia. Pero sí que necesitamos algún referente quizá puntual para llevar unas vidas con algo de sentido, intención y acción[ix].



El Construccionismo Social, aquí, se ocupa del conocimiento local, pequeño, muy pequeñito a veces, contextual, efímero; también del que nos aportan los dragones de fuego; aunque no los entendemos y los queremos domesticar.



Kathrin Seefeldt se pregunta: “¿Cómo se consigue la eficacia discursiva desde la mirada construccionista? ¿O no se la busca?”. Yo creo que más que eficacia buscamos eso, sentido. Y el sentido se puede relatar desde diferentes lugares: el arte, la religión, el propio transcurso vital. Y también desde el lugar de la ciencia; aunque en este caso sea pequeñita. La eficacia me remite a términos económicos. Y estos no son desdeñables sin más. Posiblemente aquí nos referiríamos al viejo y querido Karl Marx (al menos por quien esto escribe, vaya) y enlazaríamos con lo que Seefeldt señala en cuanto a la utilidad social:



“No busca la verdad irrefutable, sino estas pequeñas realidades que derriban las verdades grandes. Aunque dudo si las pequeñas realidades realmente las derriban o simplemente las relativizan, permitiendo diferentes interpretaciones y construir una verdad, teniendo en cuenta criterios de la utilidad social”.



Sí, me gusta más pensar en términos de utilidad que de eficacia. Y reivindico, efectivamente también, esa utilidad social. La eficacia nos habla de los resultados en función de la inversión previa (económica, en trabajo -que es lo mismo; de ahí mi aparentemente inútil referencia a Marx- en esfuerzo de cualquier tipo; emocional, por ejemplo). La utilidad, no. Las cosas, lo que sean, son útiles -si lo son- con independencia de su coste. Y más si son cosas sociales a las que el CS -perdón por la tautología- no puede renunciar.



Y ¿qué utilidad tiene la ciencia si, como dice María Belén Barberis, “… el investigador realiza un recorte de la realidad evaluada, un recorte que es subjetivo porque parte de una decisión arbitraria (según su contexto y momento histórico)?”.  Pues precisamente ese: el recorte, el contexto, el momento histórico… lo socialmente pequeño; pero muy grande para quien(es) está(n) siendo investigada/o(as/os). Y volvemos al tema de la honestidad: reconocer públicamente la propia arbitrariedad -por lo general localmente consensuada; eso sí-. Esto me vuelve a parecer importante: exponer a la luz pública cómo transformamos los significados, las metáforas, los relatos, las ideas e hipótesis en procesos inacabables e inabarcables.



Y aparece un nuevo punto de vista, creo: “… interpretar desde el ámbito de las ciencias implica dotar de significado al lenguaje numérico que se ha obtenido como fruto de la experiencia” (Juan Rodrigo Benítez González). Y que yo matizaría con la propuesta de Celia Nogueira: “El método científico busca manifestar la verdad de algo mediante pruebas teóricas o empíricas. Consigue hacerlo: Aunque haya trampas, lo hace”.



La ciencia funciona circularmente. Fruto de una apreciación acerca de la “realidad”, de la experiencia, agarra un trozo de la misma, elabora una hipótesis y la contrasta de nuevo con la propia realidad experiencial, empírica. Y, muchas veces y cada vez más, con algo absolutamente incomprensible para la inmensa mayoría de los mortales: la matemática, el lenguaje numérico. ¿Qué trampas hacen los científicos positivistas para cuadrar y encuadrar el lenguaje matemático acerca de la realidad con la propia realidad, si esta está construida en términos iconográficos? O sea, simbólicos pero absolutamente diferentes de la matemática o la lógica llamadas también simbólicas. Iconográficos porque la realidad son metáforas e iconos emocionales que nosotras/os nos hemos dado con el único objetivo de entendernos un poquito siquiera sea. Y esto no quiere decir -como no me canso de repetir- que no exista el sufrimiento humano, la injusticia, la guerra. Muy al contrario, existen. Y cada vez más…



Y en esa línea corporalizo (antes se diría interiorizo…); es decir, mentalizo, la crítica de Pamela Catalán Barker hacia el euroangloetnocentrismo característico de todas las ciencias; también de las sociales, humanas, de la emoción y la pasión (como la psicología, recuérdese). Efectivamente, “… estamos irremediablemente situados”. Esa irremediabilidad parece limitarnos. Parece no; nos limita. ¿Cómo abrir posibilidades; cómo transitar más allá de la situación contextual, histórica si de eso se trata? Probablemente, y volviendo un poco al principio de este relato, como dice la propia Catalán, “Demostrar, implica el ensalzamiento de una ontología realista”. Y etnocentrista, sí, añado.



Sin ningún ánimo de sustituir dogmas viejos por otros nuevos desde la pequeña parcela de poder que me otorga el púlpito en el que como coordinador de este escrito ocupo: ¿Podemos, queremos, escapar de la tiranía de la ontología realista?



¿Cómo?



Seguí Dolz, Josep. Coordinador. 19 de noviembre de 2016




[i] Clara Schoham Perelis (BATESON y el cisne negro), María Alejandra Szir (De teorías y teorías), Lucia Perez Sanchez (Segunda actividad....), Mónica González (La frase de Bateson como disparadora de reflexiones…), María Soledad Aguirre Vásquez (Reflexión Actividad 2.2), María Belén Barberis (Teorias científicas), Juan Rodrigo Benítez González (Las múltiples vidas de quién vio un gato de ScHrödinger y se atrevió a contarlo), Celia Nogueira García (Las teorías... teorías son), Kathrin Seefeldt (Ciencia y teorías), Pamela Catalán Barker (Interpretaciones). 
[ii] Todos los textos referenciados están escritos en este año, por lo que evito a partir de ahora indicar la fecha.
[iii] Y cuando hablo de psicología lo hago también de otras prácticas y ciencias sociales y humanas: la pedagogía, el trabajo social, la gestión de conflictos,…

[iv] Sí, la ciencia se hace. No está ahí a la espera de que la descubramos. Supongo que esto es bastante evidente


[vi] El Doctor Barreto es inspirador de la Terapia Comunitaria Integrativa Sistémica desde Brasil; práctica que está extendiendo a otros lugares de Latino América.

[vii] Geertz, Clifford (1988). El antropólogo como autor. Barcelona: Paidós.

[viii] Deleuze, Gilles y Guattari, Felix (1993) ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Anagrama.


[ix] Para una breve avanzadilla de mi hipótesis al respecto ver: http://www.mentalidadhumana.info/2016/02/extracto-capitulo-cinco.html.

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Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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